Vivimos conectados. Cada día recibimos noticias, videos, fotografías y opiniones a través de las redes sociales. Compartimos contenidos, reaccionamos a tendencias y muchas veces asumimos que aquello que tiene miles de comentarios, visualizaciones o “me gusta” representa lo que realmente piensa la gente. Pero, ¿podemos creer todo lo que vemos en Internet?
Muchos de los llamados influencers muestran estadísticas y números que parecen reflejar una influencia real, pero no siempre es así. Algunas tendencias, visualizaciones y audiencias masivas pueden ser inducidas artificialmente mediante granjas de bots o plataformas tecnológicas diseñadas para inflar las métricas y crear una falsa percepción de viralidad, popularidad o influencia.
Los avances de la inteligencia artificial (IA) están haciendo cada vez más difícil distinguir entre lo verdadero y lo falso. Hoy es posible crear imágenes de personas que nunca existieron, clonar voces y producir videos falsos, conocidos como deepfakes, capaces de mostrar a una persona diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió.
El problema va más allá. Existen también cuentas automatizadas o bots que pueden publicar, comentar y compartir contenidos masivamente. Incluso pueden utilizarse redes coordinadas de cuentas para intentar convertir una narrativa en tendencia, atacar la reputación de una persona o institución y crear la percepción de que existe un apoyo o rechazo ciudadano que quizás no es real. Esta nueva realidad nos obliga a incorporar un concepto que considero fundamental: integridad digital.
La integridad digital supone construir un ecosistema tecnológico donde podamos defender la verdad, la dignidad humana, la privacidad, la transparencia y el uso responsable de las tecnologías. No se trata de controlar Internet ni de limitar la libertad de expresión. Todo lo contrario. Se trata de protegerla frente a la manipulación.
En República Dominicana debemos comenzar esta conversación. Necesitamos ciudadanos con mayor capacidad crítica, instituciones preparadas y herramientas que nos permitan identificar la manipulación digital. En la era de la inteligencia artificial ya no basta preguntarnos si una información es verdadera. También tendremos que preguntarnos: ¿es real la multitud que la está haciendo viral?
leídas