Inseguridad ciudadana: vigilancia vecinal

Hoy quiero referirme a los delitos de robo, hurtos y asaltos, que a prima facie -a la luz de una categoría de la criminología positiva tradicional-, eran considerados como ´delitos de minuciosidad, en lo que haría falta un microscopio para determinar los caracteres de este tipo de ofensores sociales. opinion 30

Sabemos que los asaltos y atracos los cometen generalmente los habituados al delito, hoy ya una clase en la sociedad, que ha convertido su creencia y personalidad social en la más abyecta moral rastrera.

Delitos grandemente cometidos, altamente denunciados, pero cuando miramos la realidad concreta carecen de acusación, y cuando no es así, sólo hay lugar para la denuncia, pero muy pocas veces para la ´acusación particular´

Si bien es cierto que no se puede medir el nivel de inseguridad a partir de esta modalidad delictual, son los repetidos hechos de violencia los que pueden obligar a que los habitantes empiecen a organizarse en grupos de vecinos, con la intención de participar activamente en el mejoramiento de la seguridad del barrio.

Sépase que aunque la vigilancia vecinal surgió como una ‘iniciativa voluntaria’, con el tiempo el contacto que se establece entre las organizaciones responsables de regular los problemas de la seguridad ciudadana y la comunidad se erige en un sistema de funcionamiento integral.
Hay ejemplo de estos programas vecinales que se integran a los denominados Plan de Seguridad Ciudadana, que esté llevando a cabo gobierno alguno, sea para facilitar la integración ciudadana, o sea a falta de acciones concretas por parte del Estado.

Así nació el Plan “Alerta”, (Londres, 1997), como “iniciativa de un grupo de moradores ante el incremento de delitos contra la propiedad”, y, ante la falta de acciones concretas por parte del Estado.

Los “Vecinos solidarios del barrio Saavedra” (Buenos Aires, 2001), quienes utilizando estrategias de organización implicaron una convocatoria través de comunicaciones boca a boca, folletos, afiches y luego tecnologías de la información, hasta convertirse en Redes ciudadanas, comprometidas con afianzar la seguridad. Podría decirse que era preferible organizar a los vecinos antes que recurrir al patrullaje mixto con los militares.

En otros modelos de seguridad ciudadana, en otros países, la vigilancia vecinal constituye el principal sustento de todas las organizaciones policiales del mundo, habidas cuentas de que las acciones represivas y coercitivas, por sí solas, no han tenido éxito si no van acompañadas de campañas planificadas preventivas y multisectoriales.

Es de rigor el motivar a la comunidad para que trabaje junto con el gobierno en su esfuerzo por mejorar la seguridad ciudadana.

La manera en que esto se realiza es mediante organizaciones o direcciones de participación o de colaboración en las relaciones ciudadano-policía, que impulsan los ministerios del Interior.

La vigilancia vecinal de nuestra (In) seguridad está ausente. Si alguien desea saber cómo funcionan estas organizaciones, los invitamos a que busquen en la red algunas de ellas: Programa “Colibri”:

Acciones para seguridad, apoyo y orientación a niños y adolescentes trabajadores; “Autoprotección escolar”: Previene situaciones de riesgo y crear conciencia cívica; Programa “Gaviota”: Acciones de recuperación psicofísica a niños de la calle “pirañas”; “Policía escolar”: Acciones preventivas integrales con el fin de disminuir la violencia escolar; Programa “Patrulas juveniles”: Acciones con los jóvenes en riesgo con el fin de disminuir el “pandillaje”.

“Clubes amigos del policía”: Fortalecer la confianza de los menores con su policía; “Barras bravas”: Obtener compromiso con el fin de disminuir alteraciones del orden público y “Centros preventivos”: Reciben y atienden a niños extraviados y en abandono.

Las Juntas Vecinales de Seguridad Ciudadana son organizaciones de vecinos “voluntarios de la seguridad ciudadana”, sin mayor compromiso que servir voluntariamente a su vecindad.

Pero de acuerdo a la visión que tenga el órgano rector de la seguridad ciudadana del país, se convierten en Oficinas autorizadas para la recepción de quejas barriales. Cualquier programa de “vecino vigilante” paulatinamente va conformando la base para la formación de la comunidad.