Información y conocimiento
La revolución informativa llevada a cabo por el avance de los medios electrónicos de comunicación, principalmente la combinación internet y banda ancha, han establecido las bases para un nuevo orden mundial de sociedades, cuyo liderazgo está basado en el conocimiento.
Si bien es cierto que en el mundo globalizado los bienes primarios como el carbón, petróleo, acero y demás aún tienen un gran valor estratégico, la realidad es que las riquezas se han ido formando alrededor de las innovaciones implementadas en productos y servicios apoyados en las nuevas posibilidades tecnológicas de las comunicaciones.
A pesar de los esfuerzos llevados a cabo en el país, cada vez más seguimos alejándonos de ese mundo nuevo basado en la información y el conocimiento. Parecería que nos adentramos con más vigor en un mundo caótico; donde la productividad es cosa de otros países; el respeto de la ley es para los pendejos; y la cultura, valores y ética, cosas del pasado.
Sin darnos cuenta, o por la gracia de andar despistados esperando siempre la divina providencia, no nos percatamos de la creciente competencia en nuestra región por captar las inversiones dedicadas al avance de las informaciones y la propagación del conocimiento.
Nos quedamos con unos “call centers”, como si lo único que somos capaces de aprender es el manejo del inglés, y que dotarnos de sólidas bases en matemáticas y lógica, son áreas vedadas para nuestras capacidades.
Estamos de acuerdo en que el aumento de recursos para la educación tiene que cubrir necesidades básicas como la alfabetización, mejoras de las infraestructuras, actualización y capacitación de maestros, dignificación de la profesión de docente, entre muchos otros objetivos.
Pero por ello no podemos justificar seguir ampliando la brecha de nuestros conocimientos y conductas, con la revolución informativa que hoy acontece en el mundo.
