Indignidad

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles ha anunciado el cierre de la Embajada de su país en La Habana y la solicitud de que Cuba retire el personal diplomático que la representa en San José y reduzca a nivel consular las relaciones entre los dos países.

Decisión inamistosa, ofensiva, política y no diplomática, tomada unilateralmente, sin que mediara incidente alguno, expuesta en una rueda de prensa sin presentar razón alguna; por un presidente sumiso y doblegado, que, sin el menor dejo de pudor, aparece ante el mundo que sabe bien que lo que busca ese gobernante es ganarse la complacencia del gobierno norteamericano, golpeando a un país y un pueblo bloqueados y agredidos, cuando estos más necesitan de la solidaridad internacional.

Cuba ha respondido con su acostumbrada dignidad y ha puesto las cosas en su lugar. Condenó el acto oficialmente, rechazó las declaraciones irrespetuosas del presidente Chaves y destacó las indestructibles relaciones históricas de hermandad entre los dos pueblos.

Ya esa vieja oligarquía costarricense tiene sus antecedentes de entreguismo y hostilidad hacia los pueblos de América. En la tristemente célebre Conferencia de Punta del Este, de la OEA, en enero de 1962, votó en favor de la ruptura de toda relación con Cuba.

Y también los dominicanos tenemos el deber de hacer memoria. Cuando Estados Unidos nos ocupó militarmente en abril de 1965, para impedir el triunfo del pueblo en armas, varios países secundaron el delito y enviaron tropas a sumarse a los invasores yankis. Costa Rica, entonces bajo el gobierno de Francisco Orlich, se sumó al oprobio y como no tenía ejército, envió un irrisorio y ridículo contingente de diecisiete policías a pisotear nuestro suelo.

Cuba, con su onda de David, resistirá ahora como resistió ayer; siempre contará con la amistad de los pueblos a pesar del entreguismo de este ultra reaccionario que hoy gobierna a Costa Rica.

La historia seguirá su curso y alguna vez la misma Costa Rica tendrá un presidente que haga honor al sentido de hermandad y solidaridad del pueblo costarricense, lave la mancha del gobierno actual y ante América y el mundo, le ofrezca a Cuba el merecido desagravio.

Mientras, que conste la protesta clara desde esta modesta columna de opinión, sin fuerza para variar las cosas, pero escrita desde la rebeldía y la conciencia de que como dijo Martí, la maldad no se cura sino con decirla.