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Indecencia

José Báez Guerrero Por José Báez Guerrero
José Báez Guerrero
📷 José Báez Guerrero

Mandar al carajo a quien ofrece oraciones es una indecencia, por más justificaciones que se arguyan. Si los enconos fueran eternos, quizás la raza humana ya se habría extinguido.

Hace pocos días decía que entre políticos y periodistas, un atributo difícil de encontrar es la decencia, entendida como “recato, honestidad, modestia” y dignidad, al actuar o hablar conforme al estado o calidad de cada cual.

La definición jurídica añade que esa virtud “impide cometer actos delictivos, ilícitos o moralmente reprobables”, como los atribuidos a notorios reincidentes por burlarse del país con sus flagrantes conflictos de interés.

He tenido la suerte de tratar personalmente a todos los presidentes desde que nací, excepto a Trujillo, Caamaño y García Godoy, y casi todos los líderes partidistas.

Dos de los más decentes, Balaguer y Abinader, poseen características que los distinguen. Ambos son muy distintos a un connotado empresario y político, allegado al litoral de la FNP, por esa vía a Leonel y luego a Abinader. Este visitó a Balaguer durante su penúltima presidencia.

Por su rol gremial fue recibido él solo en Palacio. Tras la audiencia, el recatado y sobrio Balaguer sentenció: “Ese no es buena persona”. El tiempo y sus hechos han confirmado la lucidez y sagacidad de Balaguer.

Es para mí inexplicable que Balaguer y Abinader, cada uno de sobrada dignidad, difieran radicalmente al juzgar el carácter de una misma persona.

La gobernabilidad exige contemporizar o tolerar malas compañías, pero ¿cuántos fracasos, tollos, marrullas y gallolocadas bastan o son necesarios para prescindir de gente harto azarosa y tan resentida que devuelven insultos al recibir oraciones?

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José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.

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