El haitiano Onguió Pión, nacido en Haití y radicado en la zona cañera, amaneció un día aterrado por el imprevisto rugido de “un helicóptero de Migración” que según su alucinación, sobrevoló de manera repentina y estruendosa sobre su destartalada casucha, la cual había levantado en un platanal cercano a La Sombra. Ruégale a Dios éste juraba que era perseguido y que querían apresarlo para que regrese a Haití.
-“El helicopter, el helicopter, viene el helicopter”, vociferó Pión. Empuñó su desgastado machete que blandía desafiante hacia el cielo mientras corría entre los sembradíos.
-“Vení, vení, queré apresarme a mí, coñe; yo dar machetace coñe, vení, vení…”.
Atravesó corriendo la glorieta del parque, vociferando, desesperado. Gritaba fuerte mientras creía que era objeto de una terrible persecución migratoria: -¡El helicopter! ¡El helicopter!, imploraba.
La última vez que le vieron fue atravesando al barrio Los Charquitos, rumbo a Monserrate y camino a los bateyes cañeros.
El huracán Georges
Los parroquianos miraron sorprendidos a Pión ¿De qué helicóptero habla? La ocasión en que helicópteros sobrevolaron la zona fue en septiembre de 1998 cuando el huracán Georges “arrasó fuertemente el municipio de Tamayo”. En esa oportunidad “la furiosa crecida del río Yaque del Sur “inundó el pueblo con toneladas de lodo y escombros”.
Los helicópteros, ocupados por funcionarios del gobierno de entonces, sobrevolaron las zonas dañadas, coordinaron un plan masivo de ayuda que contribuyó a que los pobladores de pueblos afectados, además de Tamayo, superaran la desastrosa y penosa situación que causó el fenómeno.
Las actividades de producción en Tamayo se rehabilitaron de manera paulatina. La ayuda oficial arrimó sus hombros y entre los reclamos de los pobladores y el tesón mancomunado de sus gentes, avanzaron en una rehabilitación que parece haber logrado hacer que se olviden aquellos infortunios.
Las plantaciones de plátano –Tamayo se autodenomina Capital del Plátano de República Dominicana-se recuperaron, lo mismo ha ocurrido con otros rubros y con el comercio, además de las calles, callejones, los servicios y otras actividades productivas.
Pión hijo de un bracero o “picador de caña haitiano”, nació en Haití al amparo de su progenitor. Vino desde su país a pie siendo un niño, atravesó montes, carreteras y caminos hasta llegar a Tamayo, según él mismo relataba. Muchos de estos haitianos se asentaban en los bateyes pertenecientes al Ingenio Barahona, pero que es operado y administrado en la actualidad por el Consorcio Azucarero Central (CAC).
Al morir sus padres, siendo un mozalbete de apenas 14 años, se asentó en Tamayo, donde se dedicó a realizar trabajos agrícolas. Trabajaba sin descanso en pequeños conucos de la comunidad, con lo cual ayudaba a la recuperación de los efectos del ciclón. Fue entonces que Natalino Vólquez prácticamente lo acogió y terminó de criarlo como si fuera su hijo. Éste creció y se hizo un hombre afable y muy querido por los lugareños. Su seriedad y entrega al trabajo hicieron que quienes les conocían los contraten para realizar faenas agrícolas y mandados.
La mujer de Pión
Pión se fue a vivir con sus compatriotas al nuevo Batey 15 o El Callejón de la15 donde se enamoró de una mujer que tenía dos hijos pequeños, sin que se conociera el padre de éstos. Viviendo allí consiguió que Danielito Rey, un joven dominicano radicado en Puerto Rico, lo contratara para cuidar una pequeña parcela que éste tiene en unos terrenos del barrio La Sombra. Allí el agricultor de origen haitiano levantó una casucha y mudó a su mujer y a sus hijos, sin siquiera pedir permiso al propietario de este predio.
En tanto Danielito se enteró, viajó a Tamayo para indagar qué ocurría en su conuco. Se enteró por vía de terceros que otro haitiano, un amigo de Pión, conocido como Yosé Yuán, también se mudó al lugar. Éste último construyó allí otra casita y se asentó en el lugar con una pequeña familia.
Todo ocurría en un ambiente en que crecía el flujo de estos extranjeros en el municipio, a tal punto que éstos crearon una nuevo asentamiento de haitianos, al cual los moradores han bautizado como “Batey 15 o el Callejón de la 15”, donde según se rumorea, se encuentra de todo.
Pión resolvió su problema con Danielito, pidió retirarse a su compatriota, éste entonces decidió irse y asentarse en el Batey o El Callejón 15.
La denuncia a Migración
Los agentes de Migración comenzaron a realizar operativos en el pueblo. Se llevaban a extranjeros indocumentados. Pese a que era considerado un dominicano más, Pión comenzó a preocuparse y para blindarse creó terror diciendo que era un brujo peligroso, “por si acaso”. Comenzó a propalar la versión de que era “brujo vudú” capaz de echar una brujería o “un Guanguá” que convertiría a cualquiera en un perrito si lo denunciaban ante las autoridades.
La gente escuchaba y aparentaba no hacer caso a sus expresiones. Pión, en tanto, hacía sus coacciones mágico-religiosas mayormente cuando estaba bajo los efectos de bebidas alcohólicas o de drogas.
No valieron sus amenazas. Un día Migración realizó un operativo en el pueblo y “se le tiró” a su casucha, donde fue apresado. La mujer y los dos niños lograron huir, pero él fue apresado y llevado a Haití. Se rumoreó que había sido denunciado por su amigo Yosé, quien según los chismes que circularon en el lugar, tuvo un romance con la mujer de Pión.
Pasaron unos meses y Pión regresó, no se sabe cómo. Se instaló de nuevo en su casucha e inició sus labores en el conuco como si nada hubiera ocurrido.
Pero ya no era lo mismo. A partir de entonces vivía amargado, afectado por la pérdida de su mujer y sus hijos que quería como si fueran de él. Pión era alegre, risueño, cortés, amoroso y diligente con la gente. Pero con aquella experiencia, éste se convirtió en un hombre tosco, amargado, aislado en sí mismo y sin familia.
Desde entonces todo lo que éste conseguía en el trabajo agrícola lo consumía de bebidas alcohólicas y estupefacientes. Se le veía visitar con frecuencia El Callejón de la 15 y no era en busca de su mujer, de quien se dijo ya tenía otro marido en el Batey 5. Los rumores apuntaban a que éste iba a otra cosa, porque según los mentideros pueblerinos, ese lugar estaba “cundío” de puntos para la venta de sustancias ilícitas.
Puntos de venta
Según el Índice Global de Delincuencia Organizada, “la República Dominicana ocupa el puesto 91 a nivel mundial entre 193 naciones, situándose en la posición 21 del continente americano y cuarta en el Caribe”. “Se cree que el país es el principal centro de tránsito del Caribe para la cocaína de Venezuela (¿y Colombia?) con destino a América del Norte y Europa”.
Este informe considera al país como “un importante punto de transbordo de cocaína, heroína, éxtasis y fentanilo y un país de destino del cannabis. La cocaína constituye el mercado criminal único más grande de República Dominicana”.
En tanto, las estadísticas de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) destacan el auge en la entrada de drogas por el Sur. “Muestran que la región Sur del país sigue siendo una ruta marítima clave para lanchas rápidas que transportan cargamentos desde Sudamérica, destacándose decomisos recientes como 564 paquetes en Barahona y más de 2 toneladas en Baní”.
En Pedernales, la DNCD reportó “operaciones de interdicción relevantes, incluyendo un caso de 1,670 paquetes interceptados en rutas de aproximación fronteriza y costera”.
Igualmente, subrayan que las provincias de la región sur de la República Dominicana registran “una alta incidencia de tráfico marítimo de cocaína, destacando que dos de sus demarcaciones acumularon conjuntamente más de 9,471 kilogramos de esta droga en operaciones recientes”, en acciones coordinadas por la DNCD junto a la Armada y el Ministerio Público”.
Y deploran, asimismo, que todas esas operaciones dejan una parte de las drogas que trasiegan en las comunidades de la zona.
El tráfico por especie
Los operativos contra el crimen organizado y el narcotráfico a nivel nacional “han dejado a decenas de miles de detenidos anuales bajo la Ley 50-88, con un predominio absoluto de hombres jóvenes entre 18 y 25 años”. Se trata de un crimen contra el mismo corazón de la patria, en contra de la juventud, mientras el mal persiste.
Se ha establecido con claridad meridiana que un porcentaje elevado de las drogas que entran por el Sur se pagan “con especie, es decir, con las mismas drogas”, lo que explica la razón por la cual la cantidad de puntos de ventas de estupefacientes que existen en comunidades del Sur Profundo. Esas drogas, se ha dicho, se convierten en dinero mediante su comercialización en el territorio.
La situación ha tenido un enorme y dañino impacto entre los jóvenes de la región. Municipios y comunidades que antes eran canteras de talentos en la música, deporte, cultura, literatura, la política y otras disciplinas, han menguado los aportes positivos de la juventud a la sociedad local, debida, además de la pobreza y otras razones reinantes, según estiman observadores, a la ya preocupante presencia de drogas en estos lugares.
Ni Pión se escapó
Se cuenta en la comunidad que Pión no sólo consumía bebidas alcohólicas sino que también acudía a las drogas, arrinconado en su perenne miseria existencial, la traición del amigo y la pérdida de su mujer, de la cual se enteró que ya tenía otro marido, a su regreso tras ser deportado a Haití.
Fueron golpes demoledores lo que sintió Pión que le dieron la vida y la sociedad. Sintió que lo habían acorralado y que estaba arrinconado contra una pared infranqueable que le obligaba a recurrir al “Batey 15”, que bien puede llamarse “el callejón de los sufridos”.
Al parecer, Pión encontraba allí su consuelo, hallaba la fatalidad de las drogas, las cuales hacen ricos a dos o tres lugareños, mientras destrozan el alma de una población.
Un día Pión, o fue que consumió demasiado o la droga que le vendieron era de mala calidad, llevando a éste a perder la razón. Parece que esta le dio duro en su ya endeble cerebro, lo que le llevó a ver helicópteros donde no sobrevolaban ni sus propios sueños.
La gente vio a este hombre de tez negra correr sin camisa y sudoroso vociferando que venían “los helicópteros de Migración". Raudo atravesó el municipio machete a mano y nunca más se ha vuelto a saber de él.
No había tales helicópteros, estos estaban en su mente carcomida por los efectos irreversibles del flagelo de las drogas.
-“Ese pobre hombre se volvió loco”, comentaron los lugareños.
*El autor es periodista.