Entre 2019 y 2023, al menos 730 mujeres murieron en condiciones de violencia, situando a República Dominicana con la quinta tasa más alta de feminicidios en América Latina y El Caribe (2.4 por cada 100,000 mujeres).
Un número significativo de agresores se suicida tras cometer el hecho.
No se dispone de la métrica por razones de estos crímenes, pero un alto porcentaje se atribuye a la infidelidad y los celos.
La infidelidad suele ser de las experiencias más disruptivas en la vida de las parejas.
El quiebre del acuerdo de exclusividad, ya sea sexual, afectiva o virtual, deja marcas profundas en la confianza y autoestima de quienes se ven involucrados.
Existen diferentes individuos que, por su estructura de personalidad, buscan nuevos estímulos o validación, mientras otros atraviesan carencias afectivas.
Cuando no es sangriento, el proceso de reconstrucción de la confianza tras una infidelidad requiere comunicación abierta y acuerdos renovados.
No es sencillo recuperar la confianza tras una infidelidad. Menos cuando se crece en un seno familiar con deficiencias o deformaciones conductuales y modelos aberrantes, generalmente machistas.
La confianza nunca vuelve a ser como antes, pero la cicatriz no impide continuar.
Tras la infidelidad, la comunicación puede mejorar y las parejas deben ajustar los desacuerdos.
Buscar ayuda profesional, aunque la desconfianza persista.
Esto sugiere el conocimiento, pero en el día a día, donde no abunda la formación ni orientación psicológica, la inmadurez toma el curso más trágico: la violencia.
Esa recurrente violencia se ha convertido en un recurso “cultural”.
Las aberraciones se reproducen aprendidas generación tras generación.
Y no siempre, cuando se viralizan titulares como el planteado al inicio, en los feminicidios íntimos, la responsabilidad es solo del agresor.
La sociedad solo lo lamenta sin dejar de reproducir el modelo.
La prevención es una manera efectiva de disminuir tanta violencia.
Se requiere un compromiso político y social serio, aplicar leyes estrictas que fomenten la igualdad de género y abordar las múltiples formas de discriminación.
Los huérfanos que deja el flagelo son materia de otra ponderación igual de preocupante.
Menores que cuando suelen conservar la vida presencian el asesinato de su madre y el suicidio del padre.