L a actuación que en términos competitivo materializó, representando a la República Dominicana, la familia Pigozzi, en el esquí acuático de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026, debe quedar, sin equívocos de ningún tipo, como una o quizá, la más extraordinaria en toda la historia de ese evento.
Cuando todavía las canchas siguen activas en otras disciplinas, con más arraigo popular que el esquí acuático, la casi totalidad de la población todavía desconoce la dimensión del empuje sin precedentes que los hermanos Pigozzi, le han proporcionado al país.
Aportar 10 medallas, tres de oro, tres de plata y cuatro de bronce, es una tarea casi increíble de asimilar para la mayoría, teniendo en cuenta la capacidad que tienen sus adversarios.
Robert, Andrea, Paolo y Francesca, se han constituido en atletas con una dimensión extraordinaria para la patria, que desde ya debe considerarlos verdaderos héroes.
Y lo más sobresaliente es que, en la historia de esta actuación histórica ha sido un esfuerzo familiar, ya que la casi totalidad de la inversión económica realizada en su preparación fue solventada por ellos mismos.
No se puede pasar por alto, bajo ninguna circunstancia, que el trabajo realizado por su padre, Don Mario Pigozzi, un italiano que es desde hace tiempo más dominicano que el plátano, ha sido el autor y cabeza pensante para que el país haya alcanzado a través de su prole, esta actuación histórica.
Tras esa labor sobresaliente de los hermanos Pigozzi es muy probable que muchos atletas dominicanos se interesen por practicar esquí acuático, disciplina en la que es casi seguro, encontrarán el apoyo incondicional de Don Mario y sus hijos, quienes sumarían así otro aporte extraordinario al deporte dominicano.