Hipocresía frente a la salud mental
Cada día se habla más de la salud mental y parece un tema de esos que se convierten en olas momentáneas a las que muchos se quieren subir para sumarse a lluvias de opiniones.
En este caso, se trata de algo tan serio como la salud mental, pero vemos que a este problema no se le toma con la responsabilidad que amerita.
¿Por qué creo que no se toma tan en serio? Comencemos por el Poder Legislativo. Para una parte de los congresistas, diputados y senadores, al parecer les da 22 (igual por todos lados).
Sucede que el diputado Aníbal Díaz lleva varios años luchando por la aprobación de un proyecto con el que se busca establecer el marco legal para garantizar el acceso a los servicios, la promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación en salud mental como condiciones para el pleno ejercicio del derecho a la salud y el bienestar de la persona, la familia y la comunidad. Así de detallado.
El legislador lo ha presentado y lo ha explicado a todos los sectores sociales; se ha cansado de hablar de su importancia, pero no ha sido aprobado. Las razones sigo sin entenderlas.
Otros que obstaculizan el acceso a la salud mental son las aseguradoras. ¿Cómo nos explican a los afiliados que el seguro que religiosamente pagamos en conjunto con los empleadores no puede cubrir terapia de salud mental?
¿Por qué no? ¿Quiénes decidieron que sea así y quiénes no han decidido que sea lo contrario?
Y, ¿qué decir del precio de las consultas, que para la mayoría son incosteables? ¿No pueden los especialistas (psicólogos y psiquiatras), que son los que mejor conocen el problema, disminuir el precio como una forma de aportar para mejorar el acceso?
Es justo reconocer los esfuerzos que se han venido haciendo desde el Gobierno para ampliar y mejorar las unidades de intervención en crisis en salud mental, que esperamos sea duradero y efectivo. Pero hace falta que todos los sectores involucrados aporten.
Pasemos del discurso a la acción. Que se aprueben las leyes necesarias, que las coberturas por parte de los seguros no sean un privilegio casi inalcanzable, que los precios sean accesibles, para que la salud mental no sea un tema de moda, sino, un compromiso urgente con la dignidad y la vida de las personas.
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