Hijos educados

Dilenia Cruz

La niñez es la época de los sueños, de querer ser.

En la adolescencia seguimos soñando, pero ya pretendemos ser grandes, solo para algunas cosas, para lo que sale mal hay que recurrir a la protección de los padres, quienes muchas veces nos convertimos en mamá gallina.

Cuando somos adultos o al menos, cuando estamos obligados a actuar y responder como adultos, es cuando muchos de los sueños se convierten en pesadillas.

Partiendo de esa realidad es que cada vez más se les recomienda a los padres facilitarles a sus hijos esas transiciones, proceso que debe empezar en el hogar con labores simples, como arreglar la cama en las mañanas, cooperar con la limpieza, obtener buenas calificaciones, entre otros pequeños ejercicios que forman el carácter.

Sin embargo, es frecuente encontrarnos con padres que les procuran facilidades, comodidades y lujos a sus hijos aun cuando estos son haraganes e indisciplinados, tanto en la casa como en la escuela.

Unos porque no saben como decir que no a las presiones de sus vástagos, otros porque piensan que con proporcionarles más consiguen motivarlos.

Nos encontramos con padres que se quejan de que sus hijos son anti-higiénicos, capaces de durar días sin ducharse o cepillarse los dientes, que se acuestan sobre las dos y tres de la madrugada y que cuando no tienen clases se levantan pasado el mediodía.

La mayoría de esos padres, al parecer, pensaron que sus hijos aprenderían por arte de magia a saber comportarse en la mesa, a ser colaboradores con los quehaceres del hogar, a saber saludar cuando llegan a un lugar.

Olvidaron que son tareas de la educación familiar y que empieza desde la concepción. Muchos de esos hijos terminan convirtiéndose en “buitres”.