Hay que ver para creer
Parece que hace un siglo que estamos leyendo sobre Mike Tyson, quien en su carrera como boxeador noqueó al por mayor y detalle dentro y fuera del cuadrilátero.
Sus inicios como peleador callejero en un barrio de Nueva York lo llevó a la cárcel por unos dos años, obligándolo a hacer de tripas corazón para salir airoso de los problemas internos que se registraban en la prisión, de donde, a decir de los guardias de seguridad, debió salir muerto por su actitud levantisca hacia sus compañeros.
Eso lo llevó a utilizar los puños como el que más, por lo que a los 22 años ya se proclamaba campeón mundial de los pesados.
Ahí comenzó a desarrollar lo que en su momento fue definido como un verdadero monstruo, que pegaba dentro y fuera del cuadrilátero, incluso a sus parejas, varias de las cuáles lo acusaron de violación, por lo que de nuevo ingresó a la cárcel.
Este hombre que en sus momentos de “gloria” se odiada a sí mismo, dilapidó millones de dólares y nunca realizó una obra de caridad, excepto unos cientos de dólares para el cuido de unas pocas palomas.
Hoy Mike Tyson llega a los 50 años de edad, que parecen más de un siglo, listo y servido en lo económico, pero más en lo moral.
Este hombre ganó en los cuadriláteros sobre los 200 millones de dólares y golpeó hasta a sus más cercanos en lo sicológico, hoy es un infeliz cuya existencia no tiene mucho sentido. ¡Qué lástima!
Así como Tyson, son muchos los que con todos los millones, que es lo que la mayoría aspira a tener, no le encuentran sentido a la vida.
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