¿Hasta dónde seguirá la espiral?

Frederich Bergés
Frederich E. Bergés

En múltiples ocasiones nos hemos referido a la debacle continua en las distribuidoras de electricidad como el hoyo negro de las finanzas públicas.

Ello es así porque para mantener el sistema eléctrico integrado funcionando sin aumentar las tarifas, sin los ayuntamientos pagar su consumo, manteniendo los niveles de fraude y elusión, el gobierno transfiere anualmente subsidios por valor de cientos de millones en dólares.

Sólo en el primer mes del presente año las empresas distribuidoras tenían tres millones de clientes registrados, más casi 600 mil que reciben la subvención del Bono Luz, para un total de tres millones quinientos mil usuarios regulados. En dicho mes se aumentó la compra de energía a las generadoras en un 11 %, sin embargo, las pérdidas continúan a un ritmo del 38.9 % de toda esa energía.

Con la entrada de la nueva planta de Montecristi habrá más energía disponible y tal vez alguna disminución de precio promedio de compra, pero si no se resuelven estas pérdidas la situación financiera podría ser peor. En realidad, si se “netean” los ingresos por concepto de distribución pagado a los generadores, se deduce que la gran inversión privada en generación de energía sobrevive y prospera por el subsidio que reciben las distribuidoras.

Pero la situación antes descrita sufre ahora un doble golpe que empeorará la realidad imperante. En primer lugar, tenemos que a pesar de múltiples anuncios avisando lo contrario, las inversiones de las empresas distribuidoras de electricidad disminuyeron en el recién terminado 2025. Las necesarias e impostergables inversiones en mejoras para la detección de fraudes y demás males fueron unos US$45 millones menos que el año anterior 2024.

En segundo lugar, tenemos el conflicto bélico actual, que se desarrolla alrededor de Irán, con el subsecuente aumento del costo del barril de petróleo, que sigue a precios récord.

Esta situación impone aún más estrés sobre el sistema eléctrico requiriéndose mayores subsidios públicos. Si esta espiral descendente no se detiene, no tan solo será inminente una recesión económica, sino que también podrá poner en peligro todo el esquema de deuda pública con la cual subsiste el país.