Hace unos meses publiqué un artículo titulado: "Surgimiento de Haití: una decisión que reconfiguró la isla". Hoy retomo el hilo para ofrecer su segunda parte, profundizando en las consecuencias de aquel proceso fundacional.
Haití es el único país de la historia que logró triunfar en una revolución liderada por esclavos negros. Sin embargo, ese hito tuvo un precio altísimo. Napoleón Bonaparte, esclavista convencido, dejó claras sus creencias en un discurso de 1799 ante el gobierno francés: "Estoy a favor de los blancos porque soy blanco… ¿Cómo podría alguien haber concedido la libertad a los africanos, a hombres que no tenían civilización?".
En 1802, envió tropas al mando de su cuñado, el general Leclerc, con la misión explícita de impedir la independencia, restaurar la esclavitud y apresar al líder Toussaint Louverture. Al no poder revertir el proceso revolucionario, años después Francia impuso a la naciente república un oneroso rescate económico a cambio del reconocimiento diplomático.
La independencia de Haití se proclamó el 1 de enero de 1804, tras una guerra encarnizada. Su principal estratega, Toussaint Louverture, fue traicionado, apresado y enviado a Francia, donde murió en prisión. La continuación de la lucha recayó en Jean‑Jacques Dessalines, quien proclamó la independencia y se convirtió en el padre de la patria, estableciendo la primera república libre de América Latina y la segunda del continente, después de Estados Unidos (1776).
En 1825, durante el reinado de Carlos X, Francia envió una flota de guerra a Haití y exigió el pago de 150 millones de francos oro a cambio del reconocimiento formal. Esta suma se justificó como compensación a los antiguos colonos por la pérdida de sus "propiedades", que incluían a los seres humanos esclavizados.
En 1838, la deuda se redujo a 90 millones de francos, una cantidad que, ajustada a la inflación, equivaldría a unos 37 300 millones de dólares de 2026. Para hacer frente al primer pago, Haití tuvo que recurrir a préstamos de bancos franceses con intereses abusivos, generando una "doble deuda" que hipotecó su desarrollo durante décadas. El pago de esta deuda se extendió por más de un siglo; no fue sino hasta 1947 cuando el Estado haitiano terminó de saldar las obligaciones contraídas.
Investigaciones recientes señalan que parte del capital gestionado por la banca francesa (como el Crédit Industriel et Commercial) provenía de los pagos que Haití realizó durante décadas para saldar aquella abusiva indemnización. Se estima que estos pagos drenaron la economía haitiana y que esos recursos ayudaron a financiar proyectos emblemáticos como la Torre Eiffel.
Como abordamos en la primera parte, la responsabilidad de la existencia del Estado haitiano recae, en gran medida, en las autoridades españolas de la isla. Las Devastaciones de Osorio, ordenadas por el rey Felipe III, favorecieron la despoblación y el abandono de la costa norte y oeste. En la vida no hay espacios vacíos: España dejó desguarnecida esa zona, que fue ocupada por ingleses, franceses y holandeses.
Finalmente, Francia se afianzó, y fue necesario firmar el Tratado de Ryswick (1697), con el que España reconoció oficialmente la presencia francesa en el oeste de la isla, hasta entonces un asentamiento ilegal de bucaneros. Ese fue el punto de partida de la división.
Luego vino el Tratado de Aranjuez (1777), que estableció la primera frontera fija y delimitada de mar a mar entre las colonias española y francesa, base de la línea divisoria actual. Finalmente, el Tratado de Basilea (1795) cedió formalmente toda la isla a Francia, anulando el tratado anterior; sin embargo, esta cesión no se consolidó por completo debido a la Revolución Haitiana. Estos acuerdos sellaron para siempre el destino compartido de la isla.
Escuché a un amigo decir, del pasado solo podemos hacer una cosa: conocerlo para no repetir los errores cometidos. Nada podemos cambiar de lo ocurrido, pero sí podemos evitar caer en los mismos fallos. Sé que a muchos dominicanos de hoy no les agradan los haitianos, y que con frecuencia se escucha: "No somos racistas, el problema de los haitianos es…". Estoy convencido de que los dominicanos no somos tan racistas ni xenófobos; lo que predomina es el clasismo. Ser clasista implica tener prejuicios, discriminar o menospreciar a alguien por su clase social (nivel económico, educación, ocupación o linaje).
El haitiano rico estudia en Unibe y conduce un Mercedes Benz con buenos perfumes, y nadie lo discrimina; mucho menos lo montan en la "camiona". Pobre del agente de Migración o del policía que detenga a un haitiano con la piel perfumada de los que estudian en Unibe.
Toda acción tiene una reacción. España cometió el "error" histórico de abandonar la banda norte de la isla; Francia la ocupó; se firmaron los acuerdos; y la isla quedó dividida en dos naciones. Los dominicanos debemos procurar hacer avanzar nuestro país y, al mismo tiempo, contribuir a que nuestros hermanos haitianos también progresen, porque mientras más avanza Haití, más suave iremos nosotros.
Además debemos ser solidario con quién lo necesite, Con el único país con el que República Dominicana tiene balanza comercial positiva es con Haití. Los inmigrantes haitianos sostienen la agricultura, la industria del turismo en cuaonto a la construcción.
Haití fue el único país que tuvo que pagar en efectivo, además de en sangre, por su independencia, ningún país de América Latina pagó por su libertad, Haití pagó un alto precio por atreverse a desafiar a los blancos, por atreverse a luchar y por atreverse a soñar y por atreverse a ser los primeros Y como dijo el apóstol cubano José Martí: "Patria es humanidad".