¿Hacia dónde vamos?
La herencia de Francisco está en la médula de Magnifica Humanitas, sobre todo sus dos grandes textos Laudato Si y Fratelli Tutti. En el acápite cinco de Magnifica Humanitas Prevost cita directamente a Laudato si en su acápite 104.
No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. La cuestión no es sólo la Inteligencia Artificial, es el conjunto de avances científicos que generan tecnologías invasivas de toda la realidad humana bajo el control de unos pocos.
León XIV y Francisco enfatizan, y eso es muy relevante en esta primera encíclica del Papa, que el desarrollo tecnológico al que asistimos hoy está diseñado desde sus fases de investigación hasta su concreción en artilugios diversos, para el uso económico y político de élites plutocráticas.
Lo señala Prevost con gran claridad: Como advertía el Papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta.
Una buena parte de los análisis que he leído sobre la encíclica tienden a interpretar la crítica de la tecnología a la IA como un hecho anónimo, una deriva necesaria de la investigación científica, lo cual es falso cuando analizamos el documento a profundidad.
El grave problema no está en la herramienta, sino en los intereses de sus dueños y administradores. Y son tecnologías (no solo la IA) que generan controles profundos en los individuos y las sociedades de manera casi imperceptible para los afectados. El grado de alienación tan hondo y eficiente con que esas herramientas manipulan a las mayorías es tan elevado que prácticamente impide un diálogo sensato con los afectados.
En el acápite 5 de Magnifica Humanitas León XIV describe con precisión la situación: En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos.
El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común. En varios de los análisis de la encíclica que he leído se excluye radicalmente este punto, se busca diluir el texto, quitarle garra, hacerlo inofensivo para las élites neoliberales.
Esta tendencia es nuclear al neoliberalismo en su fase de mayor expansión a escala global y su vocación de destrucción del bienestar de la sociedad y su soberanía política. La extrema derecha y gran parte de la derecha en el continente americano y europeo empuja agresivamente la despolitización de la sociedad y la privatización de todos los servicios.
El caso Mieli en Argentina es un retrato grosero y salvaje del neoliberalismo, pero en muchos países partidos políticos con vocación de poder y liderazgos sociales alimentan esa tendencia. Y precisamente las redes sociales y la IA se han convertido en las herramientas fundamentales de adoctrinamiento del neoliberalismo a través de las pequeñas pantallas.
¿Qué hacer? La propuesta la encontramos en el acápite 6. Es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Discernir es un concepto y una experiencia que en lo personal aprendí con los jesuitas.
No es de extrañar que Francisco lo impulsara. Contrario a ello, la propuesta neoliberal se impone unilateralmente desde el poder y la codicia, mientras la propuesta de discernir en comunidad está enraizada en el reconocimiento de la igualdad de todos y todas, y la construcción del bien común.
Desde esta introducción del documento se formulan preguntas básicas que nos pueden orientar en dicho discernimiento. Preguntas, que como indica el Papa no pueden eludirse. Preguntas para cada uno y para todas las comunidades, dentro y fuera de la Iglesia.
¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos? Desde Sócrates sabemos que preguntar nos humaniza, nos permite dialogar, ahondar en nuestra compresión de la realidad y actuar lúcidamente. Un Papa que nos invita a preguntarnos y discernir en comunidad, es un regalo del Espíritu Santo.
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