Habichuela con dulce a crédito: una reflexión necesaria
Para todos los seguidores de la religión cristiana, la Semana Santa es un periodo importante, debido a que es el tiempo donde se conmemora la muerte y resurrección de Jesús. Esta es una época donde todos los feligreses hacen una pausa importante en sus vidas para reflexionar y verse a sí mismos con el hijo de Dios.
Semana Santa también es un escenario donde se manifiestan las mayores costumbres de todos los dominicanos. Es normal ver en estos días a nuestros amigos y familiares salir al interior a visitar a sus parientes, comprar ropa nueva, ir a la playa, alquilar villas y también hacer las famosas habichuelas con dulce.
La presión social se convierte en un alma difícil de enfrentar, debido a que, a partir del jueves a la 1 de la tarde, comienzan los estados de las personas en las redes sociales a dominar el escenario. Enfrentar este poder mediático es un acto incluso de rebeldía al propio sistema en el que vivimos.
Para el dominicano promedio es difícil asumir la idea de que, después de un año trabajando de lunes a sábado, y en ocasiones hasta los domingos, se vea en la obligación de permanecer en su casa porque no tiene los recursos para poder disfrutar un espacio de ocio con sus familiares y amigos.
Los préstamos de consumo y los créditos usureros fuera del sistema financiero se vuelven el motor de arranque que permite a los ciudadanos que no tienen liquidez en ese momento poder costear estas pequeñas vacaciones, aunque más adelante se vean en la necesidad de tener que enfrentar el estrés financiero.
Para muchos financieros domésticos, las personas deberían ahorrar una parte de su salario para poder costear estas vacaciones que se presentan cada año, y desde la lógica del 50/30/20 todo pareciera ser posible en teoría, pero cuando nos vamos a la materialidad del asunto, nos damos cuenta de que los salarios de las personas no permiten, en muchas ocasiones, ni llegar a fin de mes.
No se puede seguir cayendo en la ignorancia mediática que se multiplica en las redes sociales, con muchos supuestos expertos financieros que predican la idea de que la liquidez es un problema del individuo y no de la estructura económica del sistema en que vivimos. Se hace necesario enfrentar este discurso y motivar a la construcción de una economía familiar resiliente para que los dominicanos no tengan que hacer sus habichuelas con créditos usureros.
