Guerra prolongada con Irán sería catastrófica para economía global
Incluso por pocas semanas, se podría generar efecto boomerang e involucrar al resto de las naciones. Caso. El crecimiento del islam en Haití sigue mientras el cristianismo pierde terreno.
SANTO DOMINGO.-Los efectos adversos de una guerra prolongada entre Estados Unidos, Israel e Irán, así como las posibles consecuencias del bloqueo al trasiego de petróleo en el estrecho de Ormuz, son “imprevisibles”, incluso en un conflicto que se ajuste a los tiempos anticipados por Washington.
Países como República Dominicana se verán ampliamente afectados no sólo por el encarecimiento del crudo, sino también por el aumento de los fletes, las materias primas y el resto del intercambio comercial.
El abogado y diplomático Iván Gatón indicó que actualmente el mundo vive una disputa por la hegemonía y expresó que en Occidente se necesita equilibrio de fuerzas, no sin dejar de reconocer que las grandes potencias siempre priorizan su propio bienestar y resguardan su entorno.

Junto a Gatón, quien participó como invitado en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, estuvo el politólogo y catedrático Luis González, quien declaró que existe la posibilidad de que se termine creando un efecto boomerang a raíz de los conflictos activos, en los que Estados Unidos tiene un papel protagónico.
Señaló que Estados Unidos no sólo se enfrenta a sus opositores tradicionales, sino también a sus aliados generacionales, lo que dificulta mucho más el escenario internacional.
Puntos de vista
Ambos académicos, no obstante, tienen posiciones opuestas en cuanto a su interpretación y análisis de la estabilidad global.

Para Gatón, actualmente hay una reconfiguración del tablero político y se debe reconocer que los intereses de los grupos en pugna son permanentes y ningún país puede salvarse de su geografía.
Esto así, haciendo alusión al control histórico que de su entorno tienen los imperios, lo que explica perfectamente la situación actual de Venezuela, así como de Cuba.
No cree que la expansión de China se limite sólo al comercio y, aunque entiende que el gigante asiático aún no puede proyectar fuerzas como Estados Unidos por la ausencia de bases militares fuera de su territorio, sí confía en que una vez que se sustente su crecimiento, al igual que como ocurrió con otras grandes naciones, lucharán con lo que sea necesario para no dejar de ser imperio.
Y fue así como, aunque la intención de la conversación era explicar la guerra contra Irán, China y Estados Unidos terminaron por acaparar todo el protagonismo en el careo escenificado por estos dos intelectuales, quienes escriben para EL DÍA.
González presentó como contraparte que detrás de las operaciones de Trump está el deseo de evitar la decadencia de Estados Unidos ante el auge de China.
De ese país, dijo que antes Occidente copiaba los inventos de China y los mejoraba, pero que en la actualidad el proceso se ha invertido, lo que ha propiciado el desarrollo asiático.
Cree que China no aspira a sustituir a Estados Unidos como potencia hegemónica y que su interés radica en hacer que los países se circunscriban al derecho internacional. Entiende que el mundo no puede permitir la liberalidad de las grandes potencias y que, aunque a República Dominicana le conviene un Estados Unidos fuerte, este debe coexistir con las demás naciones en un marco de respeto. Insistió en que China no quiere imponer religión y cultura, sino enfrentar los problemas reales del mundo.
Islam en Haití
Según Gatón, el crecimiento del islam en Haití, se debe a que el 2.5 % de las ganancias de quienes la profesan deben destinarse a obras de caridad. Señaló que un alto porcentaje de los islamistas (un 10 %) se radicaliza, y que, además, no se tiene constancia del tipo de islamismo que se está enseñando.
Esto así por la naturaleza tribal de una nación empobrecida, sin un gobierno cohesionado.
Gatón criticó que el cristianismo haya retrocedido perdiendo terreno en Haití, siendo esta mucho más amigable a la hora de aceptar formas diferentes de vida y con mayor inclusión que el islam.
Pero para González se trata de una lucha entre narrativas y afirmó que los musulmanes radicales son minoría insignificante, pues la base en sí de la religión es la profesión del amor. Desmeritó las aseveraciones de que religiones distintas al cristianismo sean perjudiciales en algún sentido e insistió en la búsqueda del consenso entre los pueblos y las creencias del mundo.
