Me alegró muchísimo que la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el grado de Gran Cruz Placa de Plata, fue impuesta ayer a Roberto Álvarez, por su carrera diplomática y excelencia en su desempeño como canciller de 2020 hasta este año.
Confieso que inicialmente su designación me preocupó, por su añeja relación con la OEA y su Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de notoria actitud antidominicana en asuntos de nuestra relación con Haití y la inmigración ilegal desde el país vecino. Estuve (como frecuentemente ocurre) muy equivocado. Roberto resultó ser más que excelente canciller, elevó el profesionalismo del servicio exterior, fortaleció la carrera diplomática y prestigió nuestra representación ante organismos multilaterales.
Hizo importantes y no siempre conocidos aportes significativos a la defensa de la soberanía e interés nacional. En el Consejo de Seguridad de la ONU, con nuestro embajador José Singer haciendo filigranas, obtuvo respaldo internacional para una fuerza de seguridad para Haití. En la ceremonia que encabezó el presidente Abinader en el Palacio Nacional, Aníbal de Castro, gran periodista y diplomático, resaltó la trayectoria académica, intelectual y diplomática del embajador emérito Álvarez al leer su semblanza, destacando su formación jurídica y en derecho internacional, su compromiso con el servicio público y defensa de los derechos humanos desde 1966 cuando ingresó al servicio exterior dominicano.
Ojalá Ito Bisonó, su sucesor, procure y consiga cuando menos similares éxitos extraordinarios, incluyendo que sus compatriotas sintamos orgullo de que represente a nuestra nación. Mientras tanto, mis congratulaciones a Roberto por su merecido reconocimiento y que su experiencia siga beneficiando al país.
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