Ganancias del nacionalismo

David Alvarez
David Alvarez

E l racismo anti-haitiano paga buenos dividendos. Permite tener mano de obra semi-esclava en la agricultura, la construcción, entre otras ramas de la economía, igual que lo fue por décadas en la industria azucarera.

Los trabajadores ilegales no pueden demandar derechos y como son muchos presionan a la baja los salarios de los legales.

Centenares de miles de dominicanos y dominicanas son ilegales, unos por ser de origen haitiano y otros por ser tan pobres que nunca han tenido papeles.

Mantener ese “colchón” de trabajadores sin derechos es una de las fuentes más lucrativas para empresarios, inversionistas, militares y hasta servicios para la clase media.

Para amparar ideológicamente esa brutal explotación resulta muy útil la ideología anti-haitiana y por extensión el racismo.

Se identifica el ser negro con ser pobre y si alguno hace fortuna, deja de ser negro por definición.

Recuerdo un periódico español que en la segunda vuelta del 96 destacaba que eran dos candidatos negros, eso nunca se le ocurriría a un dominicano: ¡era un moreno y un mulato!

El racismo, con el componente anti-haitiano, permite postular tonterías como la unificación de la isla y la teoría de la invasión pacífica, tan del gusto de las ideologías fascistas.

Intelectuales, profesionales, jueces, comunicadores, fruto del miedo y su falta de sensibilidad humana, se enrolan en el discurso racista anti-haitiano, para buen resguardo de quienes explotan a todos los pobres en nuestro país.

La ganancia no es la estúpida en este tema.