Gabriel García Márquez, el carpintero
El 6 de marzo de este año, en la celebración del cumpleaños número 87, el mundo agradeció que al Nobel colombiano de literatura todavía le quedara salud y que pudiera vivir aún muchos años.
El destino ya tenía decidido que ese mismo lugar, el barrio Jardines del Pedregal, ciudad México, se despidiera del mundo, tras batallar con una infección pulmonar, el 17 de abril de 2014, en la memorable ocasión del día miércoles de la Semana Santa.
Gabriel García Márquez, el mismo que nació en Aracataca (1928), municipio del departamento del Magdalena, en la costa del Atlántico y el Caribe, se convirtió en el escritor más sintético del siglo XX.
Hijo de un matrimonio de doce hijos, de padre telegrafista y madre aristócrata rural, inició la más envidiable y sensual carrera de periodista, reportero y finalmente de escritor. Definió la literatura como “el oficio más lindo del mundo”.
Trataré de hacer mención a los trabajos del maestro que nadie oye mencionar, de momentos trascendentes de su vida terrenal, los nombres que armaron el plan de trabajo y sobre todo lo que obtuvo del largo viaje de esfuerzos, y que lo hizo merecedor de grandes reconocimientos, como el Nobel, en 1982 y cuyo discurso de aceptación tituló: La soledad de América Latina.
Todo empezó en Cartagena de Indias, donde empieza a escribir en la prensa y donde conoce a grandes amigos, hoy intelectuales: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Margas y Alfonso Fuenmayor, juntos publicaron “Crónica”, una revista literaria y deportiva que apareció de 1950 a 1952; el poeta Álvaro Mutis, así como un librero español exiliado, el catalán Ramón Vinyes, y que sirvió de modelo para su personaje de el sabio catalán, en “Cien Años de Soledad”.
En 1947 publica su primer cuento, ‘La tercera resignación’, en el periódico “El espectador”. La primera novela que intentó escribir y que nunca terminaría iba a titularse La Casa, que luego sería “La hojarasca”, una historia de su propia familia.
Viajó a Europa y realizó grandes reportajes, como el que tituló ‘Viajes por los países socialistas: La cortina de hierro’. Tuvo que quedarse en París, debido al cierre del Diario que lo envió de corresponsal. Allí escribió “La mala hora” (1962), que obtuvo el premio literario de la compañía petrolera Esso, “El coronel no tiene quien le escriba” (1961), incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX del periódico español “El Mundo” y “Cien Años de soledad” (1967), catalogada como una de las obras más importantes de la lengua castellana durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias en marzo de 2007. Gracias a los amigos Carlos Fuentes y Julio Cortázar, la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, la editó por primera vez, con el éxito fulminante.
El cine fue una de sus pasiones. En 1986 creó la Escuela de Cine Latinoamericano, en San Antonio de los Baños, Cuba.
No quería que muriera ahora, no sin que antes le dedicara una novela al comandante Fidel Castro, uno de sus últimos grandes amigos. Pero había dejado de escribir desde 2010, con el libro “Yo no vengo a decir un discurso”, y que recoge 22 discursos que el escritor ofreció en público.
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