La incertidumbre global se ha convertido en una constante del entorno económico actual. Conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, cambios tecnológicos acelerados y eventos inesperados, como pandemias o disrupciones en cadenas de suministro, generan un clima en el que anticipar el futuro es cada vez más difícil.
Aunque parece un concepto abstracto, existen métodos rigurosos para medirla y entender sus efectos, especialmente en economías pequeñas y abiertas como la dominicana.
La incertidumbre global se cuantifica a través de diferentes enfoques, a saber: Índices basados en textos, como el “Economic Policy Uncertainty Index (EPU)” que analiza miles de artículos periodísticos en distintos países buscando términos asociados a riesgo, política e inestabilidad. Cuando estas palabras aparecen con mayor frecuencia, el índice sube.
Indicadores financieros, entre ellos el “Volatility index (VIX)” creado por el Chicago Board Options Exchange, que mide la volatilidad esperada a 30 días del S&P 500, calculada a partir de los precios de “opciones de compra y venta (contratos financieros)”. Su reacción y comportamiento rápido a eventos inesperados sirve como termómetro del riesgo global.
Además, están las “Encuestas de expectativas”, que miden la dispersión entre las previsiones de empresas, consumidores y analistas; y cuanto mayor es la diferencia entre sus proyecciones, mayor es la incertidumbre percibida. Estos métodos permiten capturar tanto la percepción como las reacciones reales ante eventos globales.
Por otra parte, la economía dominicana, altamente integrada al entorno internacional, es especialmente vulnerable a choques externos.
El turismo depende de la estabilidad global y cualquier perturbación externa puede reducir la llegada de visitantes, limitar la entrada de divisas y afectar la creación de empleos; las remesas reaccionan a la incertidumbre en los países donde reside la diáspora; y la inversión extranjera suele disminuir cuando los inversionistas buscan economías más seguras.
Por esto, el país necesita fortalecer su resiliencia: diversificar su economía, mejorar la calidad institucional y mantener estabilidad macroeconómica. La incertidumbre global no desaparecerá en 2026, pero comprender cómo se mide y cómo afecta permite prepararse mejor para un mundo en constante cambio.
Etiquetas
Antonio Ciriaco Cruz
Dr. Antonio Ciriaco Cruz, economista. Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD. Columnista de El Día.