Sin un impulso como el dado a la lucha del 4% para la educación, improductiva según sus vergonzosos resultados, será difícil mejorar el ambiente de negocios con respecto a la corrupción.
Penosamente, pese a su flagrancia, el tema no concita suficiente indignación colectiva ni interés de financistas como cuando la marcha verde o de periodistas como los premiados con cargos. Algunos cínicos, quizás con razón, arguyen que la incompetencia es peor que la corrupción. Con Balaguer la corrupción se detenía en la puerta de su despacho; encuestas muestran que más del 70 % cree que Abinader es personalmente honesto.
Yo también… El enriquecimiento ilícito y escandaloso al ejercer funciones públicas o hacer negocios con el Gobierno, ralentiza pero no impide que el país continúe liderando las expectativas de crecimiento. Para 2026, el Banco Mundial proyecta un aumento del PIB de 4.3 % y el FMI, pese a su reciente evaluación, ranquea al país como el segundo de más rápido crecimiento para 2026, casi 5 % (excluyendo Guyana, estratosférico por su petróleo).
Cuando digo que algo hace bien el presidente Abinader, sus partidarios me piden “no defenderlo así” y sus opositores me acusan de lisonjearlo… Comoquiera, los fundamentos, diversidad y resiliencia demostrada de la economía, lucen suficientes para enfrentar las incertidumbres, aunque hace falta mayor inversión pública y reducir el endeudamiento.
Si el Gobierno estimula al sector privado y reduce las brechas socioeconómicas con políticas mejores que los subsidios indiscriminados, logrará un mayor crecimiento, más sostenible, financieramente sano e inclusivo.
Si, en cambio, usa su control del Congreso y la Justicia —sí, la “independiente”— para más de lo mismo, con prensa, gremios e instituciones anestesiadas, el fucú reencarnado del PRD de 1984 nos dolerá muchísimo a todos.
Ante tan clara disyuntiva, me confieso incapaz de discernir por qué temo —aunque vivo equivocado— que el país desaproveche sus envidiables condiciones, recursos y capacidad para realizar su pleno potencial en vez de conformarnos con menos.