Examen de conciencia

Roberto Marcallé Abreu
Roberto Marcallé Abreu

Estos días recién transcurridos de Semana Santa fueron definitivamente propicios para la meditación. Para quienes nos educamos con los padres salesianos –y con los jesuitas y los escolapios- no se trata de una tarea propia de este periodo de recordación y recogimiento, sino de una práctica permanente.

Es lo que se conoce como un “examen de conciencia”.

¿Qué posee este peculiar periodo principalmente el jueves, el viernes y el sábado? El silencio en las ciudades, un silencio que hemos ido perdiendo. Somos muchos los que no soportamos ese ruido persistente y difuso que enloquece y agobia. Este es el país del escándalo fortuito. Y no confundamos ruido con alegría.

Las ciudades se aquietan y una mayoría gozosa se va al interior. Paz relativa, ausencia de multitudes, de choferes vociferantes y homicidas. Pocos vehículos.

Se puede disfrutar del malecón –yéndose lejos de Güibia- y pensar sobre los devastadores cambios de costumbres que hemos sufrido y estamos sufriendo. Los parques se vuelven silenciosos. La Ciudad Colonial adquiere su significado trascendente. Es grato ir a muchos lugares públicos. Hay recogimiento.

La ausencia de noticias y de periódicos adiciona un elemento singular al ambiente.

A estas cuestiones deseaba referirme. Meditar sobre nuestro destino personal, el destino del país.

Porque, en verdad, ¿cómo estamos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? Vivimos en una sociedad de contrastes que, en principio, anhela orientarse por el camino correcto. La masiva edificación de escuelas y de la “tanda extendida”.

La merma de prácticas corruptas en las compras del Estado. La apertura de oportunidades para profesionales marginados. Los esfuerzos para enfrentar el crimen. La nueva cédula, que deberá ser un filtro indeclinable de la nacionalidad dominicana. Aceptar una migración que nos enriquezca, que no nos disminuya. Un presidente que no se considera un ser excepcional y único.

Pero junto a estas realidades, aún vacilamos ante el espinoso problema migratorio. Brindamos una imagen de país indeciso, resignado, sin ideas claras. ¿Qué se espera para proceder con quienes cruzan ilegalmente la frontera? ¿Qué se espera para impedir que miles de ilegales les quiten a los dominicanos sus más exiguas oportunidades de existencia?.

¿Qué se espera para actuar con todo vigor contra los antisociales de cuchillo y pistola, de saco y corbata y los que vienen de fuera a depredar el presupuesto nacional?

No es verdad que la realidad económica sea promisoria. Hay una falta de autoridad y grupos violentos y poderosos desvirtúan y anulan las instituciones. El crimen crece impune. El transporte es un caos.

Las pérdidas en el sistema eléctrico resultan inconcebibles. La politiquería y el saqueo nos acechan con su torva faz. Este es apenas un pobre resumen. Son muchos los tópicos a replantearnos. Por el bien de todos.