Estudio identifica alteraciones cerebrales y dificultad de autocontrol en hombres condenados por feminicidio
Investigación revela diferencias en control inhibitorio, pensamiento rígido y conectividad cerebral frente a hombres sin historial de violencia
Se observa menor densidad de materia gris en áreas vinculadas al control del comportamiento
Santo Domingo.– Hombres condenados por feminicidio presentan menor capacidad de autocontrol, dificultades para buscar alternativas ante conflictos emocionales y diferencias en áreas cerebrales vinculadas a la regulación de emociones, según reveló un estudio científico realizado en el país mediante resonancia magnética y evaluaciones psicológicas.
La investigación, presentada este miércoles y desarrollada por especialistas de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la Fundación Manantial de Vida, analizó por primera vez en República Dominicana los marcadores neurológicos, neuropsicológicos y psicológicos asociados al feminicidio.
Bajo control inhibitorio y respuestas impulsivas
Uno de los hallazgos principales del estudio es la baja capacidad de control inhibitorio en hombres condenados por feminicidio, una función cerebral clave para contener impulsos y regular el comportamiento en situaciones emocionales intensas.
“Los hombres que están cumpliendo condenas tienen una baja capacidad de control inhibitorio. Frente a dificultades no se van a contener, sino que reaccionan impulsivamente”, explicó el especialista Jorge Morillo.
Además, los resultados de la investigación titulada “Marcadores neurológicos y neuropsicológicos de feminicidas: una investigación con Resonancia Magnética Funcional”, muestran dificultades en la alternancia cognitiva, la habilidad para buscar diferentes soluciones ante un conflicto.
“Si una respuesta no funciona, el grupo control busca otra salida. Estos individuos no lo hacen; se quedan en una sola dirección”, indicó Morillo.

Tres grupos analizados en la investigación
Para comprender las diferencias en el comportamiento violento, los investigadores compararon tres grupos de hombres, reuniendo aproximadamente 100, como son las personas condenadas por feminicidio, hombres remitidos al Centro Conductual para Hombres por violencia contra sus parejas y un grupo control sin historial de violencia.
A todos los participantes se les realizaron evaluaciones psicológicas, pruebas neuropsicológicas, análisis de historia de vida y resonancias magnéticas estructurales y funcionales.
El estudio surge en respuesta a la magnitud del feminicidio en el país, ya que de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), entre 2020 y 2024 se registraron 348 muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas.
Mientras que 2025 se reportaron 49 casos adicionales, y para enero de 2026 ya se habían documentado alrededor de seis casos, lo que evidencia la urgencia de fortalecer los mecanismos de prevención.
Diferencias en la amígdala y menor materia gris
El neurorradiólogo Peater Stoeter explicó que la investigación también utilizó resonancia magnética estructural y funcional para analizar la actividad cerebral de los participantes.
Los resultados mostraron diferencias en la conectividad cerebral y menor volumen de materia gris en algunas regiones del cerebro de los feminicidas vinculadas al control del comportamiento en comparación con el grupo control.
“Hay zonas del cerebro donde la materia gris está un poco más reducida en el caso de los feminicidas cuando lo comparamos con el grupo control”, reveló Stoeter.
El estudio también detectó diferencias en la amígdala, estructura del sistema límbico que participa en la regulación de emociones como el miedo, la agresividad y las respuestas sociales.
La amígdala y la respuesta a la violencia
El psicólogo Ruthbelkis Suazo es uno de los investigadores en el estudio, pero su interés por saber que pasaba con el cerebro fue inspirado desde su experiencia.
Y es que, actualmente Suazo cumple una condena de 15 años de prisión por asesinar a otro hombre, tiempo del que ya ha cumplido 11 años. Narró que era una persona como cualquier otra, con estudios y trabajo y el cúmulo de situaciones tuvo un desenlace fatal.
A los presentes en el acto, Suazo explicó que la amígdala funciona como un sensor de amenaza dentro del cerebro emocional.

“No hay forma de que una persona reaccione violentamente sin que la amígdala se active”, afirmó Suazo, quien también es privado de libertad.
Según Suazo, la diferencia entre agresividad y violencia está en cómo el cerebro procesa la información emocional.
“Para que la agresividad se convierta en violencia tiene que haber un proceso de información errada que maneja la amígdala”, subrayó.
Pensamiento rígido y creencias supersticiosas
Las evaluaciones psicológicas también identificaron patrones de pensamiento rígido en los agresores, lo que limita su capacidad para adaptarse a nuevas ideas o perspectivas.
Además, el estudio detectó tendencias hacia el pensamiento mágico o supersticioso, lo que puede dificultar el análisis racional de las situaciones.
En ese sentido, Morillo sostuvo que “muchos creen que algo sobrenatural los está moviendo, que puede ser un espíritu o que alguien les hizo algo”.

Factores sociales asociados al feminicidio
Además de las diferencias cerebrales y psicológicas, la investigación identificó factores sociales recurrentes en los hombres condenados por feminicidio.
Entre ellos, Morillo destacó el bajo nivel de escolaridad y la ausencia o distancia de la figura paterna durante la infancia.
“Esos primeros 12 años son fundamentales para incorporar las reglas y la capacidad de contener respuestas no deseadas”, manifestó Morillo.
Los investigadores consideraron que estos resultados pueden ayudar a desarrollar herramientas científicas para evaluar el riesgo de violencia y prevenir feminicidios.
“Imaginemos que un fiscal tenga un instrumento objetivo para medir si una persona representa un riesgo bajo, medio o alto de violencia”, planteó Morillo.
Este estudio sobre los marcadores neurológicos de la persona que comete un feminicidio contó con la colaboración del Centro Conductual para Hombres, la Dirección Nacional de Prisiones y la Fundación EgeDonBosco, y fue desarrollada por los especialistas Jorge Morillo, PhD; Peater Stoeter; los licenciados Ruthbelkis Suazo, Jairo Oviedo y Tatiana González; así como los doctores Emilio Mota y la Dra. Rea Rodríguez-Raecke.
