Estéril disputa
El más emotivo tema de debate nacional es la presencia de cientos de miles de haitianos. No es cierto que la Cancillería apoye intereses foráneos para regalar la nacionalidad a esos inmigrantes, mayormente ilegales. La argucia enciende ánimos.
Benefició electoralmente a Balaguer, pero sus imitadores no se parecen a él. El embrollo tiene una parte jurídica y otra política.
El más reciente incordio es una decisión del 28 de agosto 2014 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que erróneamente atribuye responsabilidad al Estado por alegadas violaciones por la nacionalidad de niños haitianos nacidos aquí.
La CIDH exige al país asegurar derechos reclamados por haitianos en situación migratoria irregular. La sentencia 256-14 de nuestro Tribunal Constitucional declaró que la aceptación por el Poder Ejecutivo en 1999 de adherirse a la CIDH estuvo viciada por inconstitucionalidad, pues no contó con aprobación del Congreso. Pese a ello, en 2019 la CIDH siguió exigiendo el cumplimiento de su decisión de 2014.
Tras leer muchísimo del tema, entiendo que el Gobierno ha sido firme al responder que la constitución de 2011, en su artículo 18, no contradice ninguna doctrina latinoamericana sobre cómo cada Estado soberano decide quiénes son sus ciudadanos.
Sin embargo, el propio TC ha dictaminado, en sus sentencias 361-19 y 526-21, que las decisiones de cortes internacionales en materia de derechos humanos pueden obligar al país, en virtud del artículo 26.1 de la Constitución y el 7.13 de la Ley 137-11 orgánica del Tribunal Constitucional.
Por tanto, hasta que el país decida denunciar el convenio de adhesión a la CIDH, en buen Derecho debe continuar informando del estado de las decisiones de la CIDH previos a la sentencia 256-14 del TC.
Lo anterior es en cuanto al aspecto jurídico. En lo político, es indudable el trasfondo ideológico, promovido por el anterior Gobierno estadounidense y otros entes liberales, que informa el deliberado ninguneo de la soberanía dominicana y que busca atribuirnos una inexistente apatridia de haitianos que alegan espuriamente ser dominicanos.
En vez de atacar a nuestra Cancillería, los patriotas debemos enderezar el entendimiento en procura de razón y no de beneficios partidistas.
