Los ingresos netos de una pareja de conocidos míos que trabajan ambos en empleos domésticos han aumentado casi un 23 % en cinco años en términos reales, valor ajustado por la inflación y tasa cambiaria con año base 2020. Pero me dicen que la cosa está “muy mala”.
Pensé en las argucias de economistas que refutan los datos del aumento del PIB y desempeño del presidente Abinader.
Tienen razón en ciertos aspectos, aunque las autoridades hagan poco caso; pero no tienen razón al machacar que “la cosa está muy mala” aunque muchos crean que es verdad. ¡Vaya paradoja! Al disponer de más ingresos, compraron un carrito usado que pagan a plazos. La motocicleta que tenían ahora la usa un sobrino para delivery y motoconcho.
El carro lo usan para “ hacer Uber”, aparte moverse con mayor independencia. Se mudaron de una “pieza” a un apartamento. Ahora pagan luz, agua y basura.
Pero tienen nevera, televisión y un aire acondicionado. Ahorran mucho por tener a sus hijos en una escuela pública donde reciben desayuno y merienda. El aspecto de ambos ha cambiado notablemente pues pasaron de pobres a baja clase media, con esperanzas de seguir progresando.
Han hecho cursos técnicos en Infotep. Su ascenso socioeconómico, sin embargo, los obliga a pagar mensualidades que antes no tenían. Ganan para pagarlo todo pero sienten la precariedad de sufrir algún imprevisto. Al conversarlo con ellos me dijo ella, “sí, la cosa está malísima, pero en verdad nosotros estamos mejor”.