¿Es legítimo el uso de Inteligencia Artificial en la escritura creativa?

Ricardo Vega
Ricardo Vega

La interrogante, convertida en preocupación latente, circula con insistencia entre los intelectuales contemporáneos.

Para algunos, la inteligencia artificial (IA) representa una herramienta válida en la documentación y estructuración de textos, siempre y cuando el autor mantenga la voz narrativa y el control creativo del estilo.

Sin embargo, un sector mayoritario rechaza esta tecnología con vehemencia, mostrando una renuencia que, en ocasiones, surge del desconocimiento.

Los recelos persisten y estos avances, muchas veces sorprendentes, no suelen ser vistos como recursos orientados a optimizar el trabajo de quien redacta.

Este debate se extiende incluso a la traducción editorial, donde la presión económica impulsa la automatización y plantea serios retos en el control de calidad.

Existe la creencia generalizada de que utilizar la IA para escribir una novela, cuento o guiones, equivale a hacer trampa.

Esta resistencia es similar a la que ocurrió durante la transición de las máquinas de escribir tradicionales a los procesadores de textos —cuando se argumentaba que la autenticidad residía en la Olivetti—, o cuando Wikipedia sustituyó a las enciclopedias impresas bajo el supuesto de que investigar en la red implicaba un menor esfuerzo.

No obstante, hoy nadie cuestiona que un escritor consulte archivos en Internet o trabaje desde un ordenador.

El dilema actual radica en que la IA no solo almacena información, sino que también produce lenguaje, lo que genera en muchos autores la sensación de que se invade un territorio considerado exclusivamente humano.

Esta reacción defensiva es comprensible. Por ello, ante la incertidumbre, lo más conveniente es comprender qué es la IA, cómo funciona y cómo se le puede sacar el mejor provecho de ella.

Según Wikipedia, esta tecnología se define como un «conjunto de capacidades cognitivas e intelectuales expresadas por sistemas informáticos o combinaciones de algoritmos cuyo propósito es la creación de máquinas que imiten la inteligencia humana.

Complementando esta visión, la interfaz ChatGPT la describe no como una tecnología única, sino como «una familia de tecnologías especializadas: unas hablan, otras escriben, otras dibujan, otras programan […] y otras ayudan a científicos y médicos a resolver problemas que hasta hace poco parecían imposibles».

Bajo esta premisa, cabe preguntarse si es lícito que un autor emplee la IA del mismo modo que utiliza los buscadores digitales: para localizar información, detectar errores, mejorar la claridad de un texto o incluso generar borradores, a condición de adaptarlos posteriormente a su propio estilo.

La respuesta final dependerá del criterio de cada creador. De lo que sí deben ser conscientes quienes opten por estas herramientas es que, si bien la tecnología produce el lenguaje, es el autor quien debe definir el concepto estructural y resguardar la identidad de la obra.

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Ricardo Vega