Entre Washington Heights y Gaza: las contradicciones políticas de Adriano Espaillat en un distrito que exige coherencia moral

Luis Tejada-COLUMNISTA
Luis Tejada

El distrito congresional 13 de Nueva York —Harlem, Washington Heights, Inwood y partes del Bronx— es un territorio históricamente marcado por luchas y demandas radicales, impulsadas por distintos grupos y organizaciones sociales como el Black Arts Movement, Northern Manhattan Is Not for Sale, Coalition to Preserve the Community y el Mirabal Sisters Cultural and Community Center. Estas luchas han incluido campañas por vivienda justa, movilizaciones contra la brutalidad policial, la defensa de los derechos de los inmigrantes y la organización política de la comunidad dominicana.

A lo largo de las últimas décadas, estos movimientos han contribuido a forjar una cultura política caracterizada por la participación comunitaria, la resistencia frente al desplazamiento urbano, la exigencia de justicia racial y económica, y la defensa de los sectores más vulnerables. En este contexto, el distrito ha sido un espacio donde las demandas de transformación social han encontrado un terreno fértil, favoreciendo el surgimiento y fortalecimiento de corrientes progresistas, de izquierda y de justicia social.

Por ello, la evolución política reciente del distrito no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como la continuidad histórica de una tradición de lucha comunitaria que ha cuestionado constantemente las estructuras de poder establecidas y ha buscado ampliar los derechos y oportunidades de las mayorías trabajadoras, los inmigrantes, los inquilinos y las minorías raciales. La identidad política del Distrito 13 ha sido moldeada por estas experiencias colectivas, convirtiéndolo en uno de los escenarios más dinámicos y contestatarios de la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, el representante de este distrito, Adriano Espaillat, se ha convertido en una figuraprofundamente contradictoria para muchos de sus constituyentes. Aunque se presenta como “defensor de inmigrantes y de la clase trabajadora”, no es coincidencia que sectores opuestos entre sí, como progresistas, radicales y ultraconservadores anti intervencionistas, coincidan en acusarlo de apoyar políticas exteriores militaristas, alinearse con el establishment demócrata, favorecer intereses inmobiliarios y consolidar una maquinaria dominicana que desplaza las voces que no se alineen con su séquito.

Estas contradicciones han generado un creciente cuestionamiento sobre a quién responde realmente el congresista. El punto más explosivo ha sido su apoyo financiero al Estado de Israel, con el que muchos lo señalan como cómplice del genocidio contra el pueblo palestino. Y no es una acusación que me haya inventado yo: se trata de una acusación política que circula en protestas, columnas de opinión y redes sociales, sostenida por sectores progresistas pro-Palestina, organizaciones de derechos humanos y hasta por corrientes ultraconservadoras, contrarias a la intervención o injerencia de países.

Los archivos legislativos indican que Espaillat ha votado a favor del paquete suplementario de seguridad para Israel (2024), que destinó miles de millones en asistencia militar. The New York Times (2024) reportó que el paquete incluía municiones, sistemas de defensa y apoyo logístico.

También apoyó la reautorización del Iron Dome (2023), aprobada con amplio respaldo bipartidista, tal como documentó Associated Press (2023). Estas decisiones han sido cuestionadas a la luz de los informes de organizaciones como Human Rights Watch (2021) y Amnistía Internacional (2022), que han documentado violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte del Estado de Israel: castigos colectivos, desplazamientos forzados, ataques indiscriminados en Gaza, con un saldo de decenas de miles de personas asesinadas, entre ellas, mayoría niños y mujeres indefensas.

A esto se suma que las acciones de Espaillat parecen haber coincidido con el apoyo económico a su campaña por parte de la Asociación de Israelitas de Nueva York, que habría aportado más de ciento treinta mil dólares (USD 130,000.00). Desde esta perspectiva, las donaciones y los votos de Espaillat son interpretados como una complicidad financiera con crímenes de guerra.

Paralelamente, en Harlem y Washington Heights, colectivos como Jewish Voice for Peace, Democratic Socialists of America (DSA), así como grupos afrodescendientes han denunciado que el congresista no ha apoyado un alto al fuego inmediato, ha ignorado peticiones de sus propios constituyentes, y se ha alineado con la política exterior tradicional del Partido Demócrata y coincidente con el Republicano Donald Trump. The Guardian (2023) reportó que miles de neoyorquinos exigieron a sus representantes romper con el financiamiento militar a Israel, dentro de los cuales se incluye a los del referido distrito.

Es profundamente preocupante que Espaillat no haya querido reconocer que la gentrificación y el desplazamiento son las heridas abiertas por la que se desangra su distrito. Pero él tiene sus razones para no hacerlo y lo ha dicho: “Mis mejores amigos son los judíos”.

El distrito 13 enfrenta una de las crisis de vivienda más severas del país: NYCHA requiere más de $40 mil millones en reparaciones. (NYC Comptroller, 2024). Los alquileres desde Harlem hasta Inwood han aumentado más del 30% en una década. (Furman Center, 2023). Esto ha provocado hacinamientos, desalojos y sufrimiento a las familias que gastan más del 50% de sus ingresos en pago de alquiler. Es por esa razón que muchos activistas y organizaciones comunitarias locales acusan a su representante de no confrontar a los inversionistas de bienes raíces (caseros depredadores y abusadores), apoyar rezonificaciones que aceleran el desplazamiento y mantener una relación oscura con intereses inmobiliarios.

Muchos residentes lo dicen a viva voz: “Es un congresista que habla de vivienda asequible en Washington D.C., pero permite la gentrificación en casa.”

Su maquinaria política dominicana tiene la práctica recurrente de reproducir el clientelismo político, por lo que muchos líderes afroamericanos tradicionales, el nuevo liderazgo dominicano y sectores progresistas independientes emergentes, han tenido que enfrentarse a él con acusaciones de corrupción y manipulación de las elecciones primarias para favorecer a sus candidatos. Estas críticas aparecen en medios locales como The City y Gothamist. La queja colectiva se resume en una percepción clara: en el distrito 13 ya no se elige a sus líderes naturales; más bien la maquinaria los coloca por imposición y manipulación electoral.

¿A quién representa Adriano Espaillat?
Adriano Espaillat, cabeza de esta irresponsabilidad política, es un representante atrapado entre dos mundos. Es, simultáneamente, símbolo del ascenso político dominicano y representante institucional del Partido Demócrata, pero también una figura profundamente cuestionada por su práctica conservadora, criticado por sectores radicales, progresistas y hasta por sectores ultraconservadores.

Su apoyo a paquetes militares para el Estado sionista de Israel, su ambigüedad en temas de seguridad pública, su mal manejo de la crisis de vivienda y su rol erróneo en la política local, generan preguntas necesarias: ¿Representa Adriano Espaillat los intereses de Harlem, Washington Heights y el Bronx, o los intereses del establishment demócrata conservador y de su propia maquinaria política? ¿Qué lo separa, en la práctica, de la política del presidente Donald Trump?

La respuesta, para muchos constituyentes, es cada vez más clara y evidente. Usted tiene la última palabra: observe, investigue y evalúe. Saque sus propias conclusiones y recuerde que los hechos son los que hacen honor a las palabras.

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Sobre el autor

Luis Tejada

*El autor es profesor y activista comunitario en la ciudad de Nueva York.