Entre sueños cumplidos

Lady Reyes, directora de Encuentros Interactivos.
Lady Reyes, directora de Encuentros Interactivos.

Pasaron las comidas de celebración, las flores, las fotografías familiares, los mensajes en redes sociales y las llamadas pendientes. Pasó ese día del año en que, por unas horas, pareciera que el mundo se detiene para recordarnos la importancia de quienes dan vida.

Y hoy, cuando todo vuelve a su ritmo habitual, pienso que quizás la maternidad habita precisamente ahí: en los días después porque ser madre no ocurre únicamente en las fechas marcadas en el calendario, sucede cuando nadie está mirando.

En las madrugadas sin dormir, las preocupaciones silenciosas, las llamadas para preguntar si llegaron bien, en el esfuerzo por hacer rendir el tiempo, dinero, emociones y fuerzas.

Como madre de tres hijos, mis amados carajos de mi vida, he aprendido que la maternidad tiene muy poco de perfección y muchísimo de resistencia.

Resistencia para levantarse aun cansadas, a tomar decisiones cuando sentimos miedo y a sostener a otros incluso cuando también necesitamos que nos sostengan.

Ayer vi muchas imágenes hermosas: madres rodeadas de hijos, familias completas, abrazos, celebraciones; y al mismo tiempo pensé en las otras historias, las que no se cuentan.

Las madres que celebraron trabajando, las que recibieron mensajes a distancia porque tienen hijos lejos y las que crían solas. En esas tres estoy yo, pero hay otras que sienten culpa por no poder estar en todo o atraviesan duelos, enfermedades, preocupaciones económicas o simplemente agotamiento.

Amar mientras se improvisa
La realidad es que la maternidad es amar mientras se improvisa porque nadie llega preparada, aprendemos sobre la marcha, nos equivocamos, repetimos errores que juramos no repetir, dudamos, pedimos o rechazamos consejos, improvisamos soluciones… y seguimos.

Criar tres hombres sola me ha enseñado muchas cosas, pero el mayor aprendizaje ha sido entender y aceptar que no soy invencible, aunque muchas veces actúe como si lo fuera.
El reto actual de las más jóvenes es lograr criar sin terminar quemadas como muchas; mientras que nosotras, las que hoy vemos a nuestros hijos grandes, debemos luchar por recuperarnos, sanar los vacíos que dejó la sobreexigencia y construir una nueva etapa con menos culpa y más libertad.

A las madres de hoy y ayer, entre sueños cumplidos, les digo que necesitamos pausas, ayuda y sentirnos vistas más allá del rol que ejercemos.

Por eso, después de la celebración, quisiera dejar una invitación: que este reconocimiento no viva únicamente en mayo y entender que detrás de cada madre existe una mujer intentando hacerlo lo mejor posible con las herramientas que tiene. Es momento de recordar que la maternidad continúa en lo cotidiano y es ahí donde ocurre casi todo lo importante.