Entre el sol y la sospecha: motoristas en el centro del debate por el pasamontañas

En el país circulan más de 3.5 millones de motocicletas, de un total de 6.1 millones de vehículos de motor registrados

Santo Domingo.– Rostros cubiertos, motores encendidos y miradas que despiertan inquietud. Para muchos transeúntes, los motoristas que utilizan pasamontañas generan desconfianza y una sensación de inseguridad.

Otros, en cambio, defienden esta prenda como un escudo frente al sol, el polvo y la contaminación. Entre el miedo y la necesidad, este accesorio cotidiano se ha convertido en reflejo de las tensiones que experimentan quienes transitan a diario por las calles de Santo Domingo.

Mientras algunos conductores aseguran que utilizan el cubrerostros para protegerse de la radiación solar y la suciedad del tránsito, ciudadanos afirman que esta práctica les provoca inseguridad por su posible vinculación con hechos delictivos.

Durante un recorrido realizado por El Día en calles del Gran Santo Domingo, se observó que varios motoristas defienden el uso del pasamontañas como parte habitual de su vestimenta laboral. Aseguran que no buscan ocultar su identidad, sino protegerse del sol y del polvo.

Brayan De León, quien se desempeña como motorista del kilómetro 9, sostiene que muchos lo utilizan por comodidad y protección.

“Los motoristas usamos pasamontañas mayormente por el sol. Uno se lo pone para protegerse, pero los policías también piensan que uno anda robando”, expresó.

Brayan De León, motociclista en el km 9.

Sobre las propuestas de prohibir su uso, De León considera que sería una medida injusta.

“Si en todos los países se usa, aquí también deberíamos poder usarlo. Lo importante es que no todos los motoristas somos delincuentes. No todos somos iguales”, afirmó.

De su lado, José Alcántara, con más de 10 años en el oficio, explica que la prenda les ayuda a soportar las condiciones climáticas durante largas jornadas.

“Nosotros usamos pasamontañas mayormente por el sol, para no quemarnos tanto. Esto es una lucha diaria”, señaló.

José Alcántara, con más de 10 años de experiencia como motorista.

No obstante, reconoce que algunos lo utilizan para ocultar su identidad, lo que ha afectado la imagen del gremio.

“Hay muchos que se disfrazan y dañan la imagen del motorista, pero los que andamos en la vida legal no tenemos problemas con los usuarios”, indicó.

En contraste, ciudadanos admiten sentir temor al ver motoristas con el rostro cubierto, lo que genera desconfianza e incomodidad.

Luis Antonio Vásquez, quien regularmente utiliza los servicios de motoristas para desplazarse a su trabajo, describió la situación como inquietante.

Luis Antonio Vásquez.

“Realmente eso es un poquito incómodo, porque uno piensa que puede ser un atraco. No da mucha confianza”, comentó.

Relató que en una ocasión dos motoristas con pasamontañas entraron a un negocio, lo que le hizo pensar que se trataba de un asalto.

“Pensé que iban a atracar la banca, pero al final no era así”, subrayó. A su juicio, la prenda debería utilizarse solo en determinados horarios para evitar confusiones.

Asimismo, Rubén Germán, otro usuario de este medio de transporte, expresó que la imagen genera sospechas inmediatas.

Rubén Germán, ciudadano, preocupado por los motociclistas que usan pasamontañas.

“Claro que genera desconfianza. Uno piensa que van a atracar”, dijo, aunque aclaró que no ha tenido experiencias negativas.

La prohibición

En una acción que busca transformar las estrategias de prevención del delito en República Dominicana, la Dirección Regional Cibao Sur de la Policía Nacional ha oficializado una nueva normativa de control de identidad. La disposición prohíbe de manera terminante el uso de pasamontañas, capuchas y cualquier indumento diseñado para ocultar las facciones del rostro en espacios públicos.

Esta medida se integra en un marco más amplio de políticas de seguridad ciudadana que pretenden devolver la tranquilidad a los transeúntes.

Percepción de riesgo y reacción psicológica

El psicólogo y terapeuta familiar Luis Vergés explicó que la desconfianza ciudadana no responde al pasamontañas ni a las motocicletas en sí, sino a la percepción de riesgo.

“El cerebro humano puede activarse en lo que se conoce como ‘modo amenaza’, una reacción que aparece cuando la persona siente que podría estar en peligro. Cuando el rostro está cubierto, se reduce la posibilidad de identificación, lo que incrementa la incertidumbre y la sensación de peligro”, explicó.

El psicólogo y terapeuta familiar Luis Vergés.

Agregó que la motocicleta es un medio de transporte ampliamente utilizado en el país por su accesibilidad, especialmente en servicios como motoconcho y delivery. Sin embargo, también puede ser empleada para cometer delitos, lo que alimenta estereotipos negativos.

“Evitar generalizaciones es clave. Cubrir el rostro limita la empatía y aumenta la percepción de peligro, pero no necesariamente indica mala intención”, puntualizó.

El especialista señaló que el miedo suele intensificarse cuando las personas han tenido experiencias negativas o han escuchado relatos de delitos vinculados a motocicletas. Por ello, insistió en no generalizar sobre un sector que utiliza este medio como herramienta de trabajo.

Vergés concluyó que la confianza puede fortalecerse mediante educación vial, prudencia y respeto a las normas de tránsito.


“Mientras más se demuestre que este recurso se usa para bien, se activará el modo seguridad y mejorará la convivencia. De lo contrario, la gente se pone a la defensiva y puede sobrerreaccionar, lo que a veces termina en tragedia”, advirtió.

Un tema más allá de la prohibición

En la misma línea, la especialista en seguridad ciudadana Josefina Reynoso consideró que el uso del pasamontañas debe analizarse más allá de una simple prohibición.

Indicó que no existe actualmente una normativa que prohíba su uso.
“Hasta ahora, que yo conozca, no existe ninguna resolución que impida que un ciudadano use pasamontañas”, afirmó.

Josefina Reynoso-CESEDE-Funglode-
Josefina Reynoso, experta en Defensa y seguridad.

Sin embargo, reconoció que el problema radica en el uso indebido que algunos le dan.
“Esta moda está siendo utilizada por muchos desaprensivos para ocultar sus facciones”, señaló.

A su entender, esto genera temor en la población al dificultar la identificación en caso de delito.
“Lo hacen con la finalidad de que, a través de las cámaras, no puedan ser identificados”, explicó.

También indicó que, tras la pandemia, se volvió más común ver personas con el rostro cubierto, lo que contribuyó a normalizar esta práctica.
“Mucha gente comenzó a usar pasamontañas, tapabocas y cachuchas”, agregó.

Reynoso destacó que el problema no es únicamente la prenda, sino la falta de mecanismos efectivos de identificación, y propuso alternativas más seguras.

“Existen cascos protectores con viseras completas”, explicó, señalando que estos pueden proteger al motorista sin ocultar totalmente su rostro.

En ese sentido, planteó el uso de cascos con visera como una solución viable, al permitir protección frente al sol y el polvo sin afectar la identificación.

Asimismo, advirtió que cualquier medida debe implementarse de forma estructurada y sostenida.
“Aquí todo es por moda, porque antes usaban chalecos y le ponían casco al que iba atrás”, manifestó.

Insistió en evitar decisiones improvisadas.
“Esto no pueden ser medidas de moda”, recalcó.

Finalmente, subrayó que el tema implica un equilibrio de derechos: el de los motoristas a protegerse y el de los ciudadanos a sentirse seguros.

Entre el sol, el polvo y la inseguridad percibida, el pasamontañas se mantiene como algo más que una prenda: un símbolo de las tensiones que atraviesan quienes recorren las la ciudad cada día, entre el trabajo y la percepción de riesgo que generan en la ciudadanía.