¿En verdad somos lo que pensamos?
¿Quién soy? Te habrás preguntado en infinitas ocasiones. Es una gran interrogante a la que todos buscamos respuesta a lo largo de la vida. Con la intención expresa o no, de adaptarnos y comprender mejor nuestro yo y la realidad del paso de éste por la vida.
Por autoconocimiento, abducción, o ambos; mis respuestas siempre colgaron de la clásica retórica: “somos lo que pensamos”.
Tal vez el “Cogito ergo sum” (Pienso, luego existo), de Descartes, ejerció su didáctica influencia.
Pero al menos conservé la consciencia de que esa mezcla de pensamientos y emociones, acciones y decisiones, de valores personales, nos aproxima a una respuesta convincente.
Los pensamientos son procesos cognitivos, mentales y racionales (ideas, juicios, creencias) que actúan como diálogo interno, mientras que los sentimientos son la experiencia consciente y duradera de una emoción, expresando visión y estados de ánimo internos.
Los pensamientos interpretan el mundo y los sentimientos son sensaciones físicas y emocionales sentidas en el cuerpo.
Los primeros suelen ser frases, palabras, imágenes o recuerdos. Los segundos se etiquetan con una sola palabra (alegría, tristeza, enojo, miedo).
Nuestros cerebros asocian información con otra y crean marcos como creencias, perspectivas, opiniones, juicios e ideas. Es nuestro procesamiento consciente de asignar un significado. Y proceder con un determinado comportamiento.
Decir que somos nuestros pensamientos y sentimientos es un poco como decir que una computadora son sus programas. No lo es. Es una máquina aparte de los programas.
Los pensamientos y sentimientos son herramientas importantes y útiles. Ambos nos muestran lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que podemos y no podemos manejar actualmente, la necesidad de mirar, procesar y tratar, y dónde necesitamos establecer límites con los demás.
Pero no son cosas con las que nacemos. Son cosas que aprendimos de los entornos en los que nos movimos, nuestra familia, cultura.
Son esencialmente programación. No quienes somos. Explícatelo así: Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos estado tan enojados que hemos gritado: "¡Yo te mato!". Pensamiento agresivo. No una acción. No somos asesinos ni criminales. No somos lo que pensamos, a menos que actuemos en consecuencia.
