En torno al libro ‘Masa crítica’

José Mármol
José Mármol

La obra titulada “Masa crítica. Memorias del Primer Seminario Internacional de la Crítica Literaria en República Dominicana” (Editora Nacional, Santo Domingo, D.N., 2013), es un volumen que recoge las ponencias de alrededor de una veintena de creadores, críticos, académicos e intelectuales, tanto nacionales como internacionales, quienes reunidos los días 24 y 25 de febrero del año 2012, expusieron sus ideas, aunque varios de ellos presentaron, nuevamente, los ya desgastados métodos de sus maestros, acerca de lo que es o debería ser la crítica literaria, en cuanto que acontecimiento cultural.

Basilio Belliard, académico de oficio, organizó este evento al amparo del Ministerio de Cultura. La lectura de las 286 páginas de este valioso libro representa una suerte de viaje, a veces hacia el pasado, otras tantas en el presente, y las menos hacia el porvenir de una labor como el pensamiento y la creación críticos, de inestimable valía en la expresión viva de una cultura y de una lengua.

a filosofía es, solía decir Ortega y Gasset, el cuento de nunca acabar. Y de la filosofía, como de otras disciplinas del pensamiento, hay tantas definiciones o acepciones como pensadores ha conocido la historia; unos con sobresaliente rasgo de individualidad y creatividad; otros con escasa imaginación y vuelo, más bien, apegados al sistema categorial o a los preceptos sentados por otros pensadores o por escuelas, movimientos o tendencias. Lo mismo ocurre con la crítica literaria; o bien, con la crítica cultural, entendida desde una perspectiva con mayor alcance humanístico, antropológico, lingüístico y social.opinion 176

Interesante, y también, penoso ha resultado para mí y para mis modestos conocimientos en este campo notar cómo todavía algunos, talvez demasiados de nuestros críticos e investigadores de la literatura, o bien, estudiosos de los fenómenos y epifenómenos culturales, no son capaces de arriesgar siquiera una idea propia; dar, al menos, una ligera señal de zambullimiento creativo y autónomo en el objeto simbólico analizado, sino que, muy por el contrario, a cada párrafo u oración siguen el sacrosanto criterio de autoridad, mediante la cita o referencia de un determinado autor; mejor aún, si es foráneo. ¿Hasta cuándo este suplicio durará? Hay que distanciar, por supuesto, de esta enferma dependencia del pensar áulico, o como decía Ortega y Gasset, del pensar a crédito, a aquellos autores que, desde que empiezan a abordar la cuestión, sientan sus reales de independencia, ya sea en la forma personal en que siguen una metodología o una escuela de pensamiento crítico; o ya sea por su radical autonomía, su eclecticismo inteligente y su individual y bien fundado criterio para analizar una obra literaria o una expresión estética de cualquier género o naturaleza simbólica.

Remontar una tradición, asimilarla y sobre ella producir rupturas cognoscitivas, para sobre esa base construir un edificio conceptual y una visión propios acerca de una determinada cultura o en torno a la obra literaria es una empresa que exige, no solo de formación humanística y de vasta cultura, sino, sobre todo, de profundo aprendizaje, vocación creativa y erudita, y muy especialmente, de autoestima y coraje para asumir el riesgo de ser auténticos. Seguir a cal y canto, ceñirse a pies juntillas a un método, una escuela, un ismo, sin dejar un mínimo acento personal sobre su magma teórico es asunto fácil, unidimensional y, por desgracia, muy en boga. Pero, es también asunto estéril, burbujeante y definitivamente efímero. La unidimensionalidad racional, la teoría única, el método panteístico no son suficientes en la sociedad y la cultura actuales. No viajan más allá del aula universitaria, si acaso llegaran a alzar vuelo raso.