En cuáles manos ha estado el mundo
Ahora se reconfirma que el primer ministro Tony Blair engañó a su pueblo y le mintió al mundo para involucrar a Inglaterra en la invasión a Irak de 2003. Se ha publicado el Informe Chilcot, resultado de una sustanciosa investigación que tardó siete años, fueron consultados ciento cincuenta mil documentos gubernamentales y más de ciento cincuenta testigos.
Se confirma que Blair mintió a sabiendas. Hemos llegado a la conclusión de que el Reino Unido decidió unirse a la invasión antes de que las opciones pacíficas para el desarme se hubieran agotado, dice el report.
Que la acción militar no era el último recurso; que no era cierto el argumento de que Irak contaba con un programa activo de armas químicas y biológicas; que todo aquello no fue más que una vulgar manipulación para tratar de justificar la invasión de un país soberano.
Son esos tan solo algunos de los gravísimos cargos que el informe Chilcot lanza contra Blair, que se ha visto forzado a pedir perdón, aunque, paradójicamente dice que si se viera ante circunstancias semejantes, haría lo mismo. Pero el caballero Blair no anduvo solo.
El fue apenas un socio del presidente norteamericano George Bush, autor principal éste de todo aquel trágico episodio y con estos dos, anduvo el español José María Aznar.
Los tres se reunieron antes de la invasión, declararon que estaban haciendo todo lo posible por evitar la guerra cuando en verdad la estaban acelerando.
Aznar tuvo a cargo el triste papel de hacer pasar en la ONU una resolución que Francia y Alemania siempre bloquearon, que diera algún barniz de legalidad al hecho militar. Los tres acordaron un plan de propaganda dirigido a confundir los objetivos del proyecto y con toda alevosía coincidieron en que de ningún modo se pronunciara la palabra petróleo.
Nada resucitará las víctimas inocentes ni la destrucción material provocadas por estos tres conspiradores.
Tal vez nadie recuerde ya que los millones de seres humanos que rechazaron la invasión en las calles del mundo tenían razón. Probablemente los autores de esta otra tragedia nunca paguen sus culpas.
De todos modos los tres y sus respectivos países han quedado moralmente desenmascarados. Toca a los pueblos preguntarse en manos de quiénes han estado las riendas del mundo y el destino final de la humanidad en estos tiempos de dominio unipolar del capitalismo.
