En blanco…
Previo a iniciar estas líneas, mientras decidía el tema sobre el cual escribir, vi dentro de mi mente y estaba en blanco.
Entonces recordé la “página en blanco” del libro “Memorias de un Cortesano en la Era de Trujillo”, de Joaquín Balaguer. Reafirmé el conocimiento de que porque una mente o una página luzca en blanco no significa que esté vacía.
Pueden ser tantos los pensamientos, sentimientos, proyectos o imágenes que nos ocupen que resulta complejo seleccionar un tema. Sé que como lector podría asentir porque, de seguro, algunas veces le ha sucedido.
En el hogar, las mujeres decimos o pensamos: “a qué le pongo las manos, primero”. En el trabajo, cuando tenemos muchas asignaciones y responsabilidades tenemos que priorizar.
Todo en la vida tiene un orden de prioridades, es solo que a veces lo ignoramos y llega el momento en que nos detenemos, y nos damos cuenta que la vida ha pasado.
Quienes supieron priorizar pueden decir que vivieron, aprendieron, lograron cosas, disfrutaron.
En cambio, quienes nunca marcaron un orden de prioridades en sus días, la vida solo continuó su curso y tienen poco que mostrar como logros.
Hay quienes, como dice el título del libro de Paulo Coehlo “A orillas del río piedras me senté y llore”, se sientan a lamentarse y encontrar los contra para crecer.
Esas personas también tienen sus mentes en blanco, pero no por pensamientos de éxitos, sino por “no hacer nada”.
El cerebro, la aptitud y el éxito se ejercitan para poder triunfar.
Para los científicos no es más que el ensayo y error, una y otra vez hasta lograr el éxito. Al igual que Thomas Alba Edison o cualquier otro inventor seleccionemos un pensamiento positivo y empecemos a practicarlo.
Entrenar nuestros hijos para el éxito exige que nos entrenemos nosotros mismos. Prediquemos con el ejemplo.