NUEVA YORK.– El empresario dominicano en esta ciudad, Rubén Luna, mantiene su programa de empleo comunitario, beneficiando jóvenes de 16 años en adelante, adultos y envejecientes, quienes encuentran diferentes opciones laborables en el mismo.
A su oficina ubicada en el 1239 de la avenida Saint Nicholas con la calle 172, en el Alto Manhattan, decenas de personas llegan cada semana buscando una oportunidad de trabajo y salen con una respuesta concreta para “fajarse” en los supermercados, compañías de limpieza y mantenimiento.
Asimismo, en servicios de telecomunicaciones e internet y otras áreas comerciales en expansión, de su propiedad, y que mantiene por más de 25 años, precisó Luna durante su participación en el programa La Comunidad y su Futuro.
Este programa se distingue por no discriminar por edad, religión, partido político, raza ni nivel del idioma inglés, convirtiendo este espacio en un punto de encuentro para la esperanza y la dignidad laboral.
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Luna, ex diputado por dos períodos, sostiene que el empleo no es solo una fuente de ingreso, sino una herramienta de transformación social, y su objetivo principal ha sido integrar a jóvenes que estudian, alejarlos de la calle y enseñarles el valor del trabajo honesto, la disciplina y el manejo responsable del dinero.
Insiste en que la educación es innegociable, pero entiende que el trabajo digno complementa la formación académica y fortalece a las familias, especialmente en comunidades vulnerables de la diáspora.
Reveló que durante sus ocho años como diputado donó su salario mensualmente, que rondaba los 2,700 dólares, y que incluso invertía mucho más de sus propios recursos en ayudas sociales.
Las ayudas a familias necesitadas en la República Dominicana y en el exterior continúan de manera permanente, demostrando que su vocación de servicio no dependía de un cargo público.
“El mejor dinero que uno puede gastar es el que se usa para ayudar a los demás. No hay que dar de lo que sobra, hay que dar de lo que uno necesita”, expresó con firmeza.
Luna entiende su labor como una responsabilidad espiritual y humana. Reconoce que Dios le ha dado la oportunidad de servir y que su mayor satisfacción es tender la mano a quienes enfrentan limitaciones por edad, idioma o circunstancias económicas.
Su ejemplo resalta una realidad que muchas veces pasa desapercibida: el liderazgo verdadero no se mide por discursos, sino por acciones constantes que transforman vidas y fortalecen comunidades.
En tiempos donde abundan los discursos de incertidumbre económica, el empresario envía un mensaje distinto y poderoso, “el progreso no se detiene cuando hay voluntad, fe y compromiso social”.
Dejó claro que cada ciclo económico trae desafíos, pero también oportunidades. A su juicio, la diferencia entre avanzar o retroceder está en la actitud con la que se enfrentan los problemas.
“Convencido de que pensar en positivo, crear empleos y administrar bien los recursos es la fórmula real para crecer, aun en escenarios complejos”, afirma Luna.
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Ramón Mercedes
Ramón Mercedes, con décadas en el ejercicio periodístico, tanto en NY como en RD, ha escrito para los principales medios informativos de República Dominicana, tanto escrito, radial y televisivo. Reside en NYC.