Empleos
Hay buenas razones para el optimismo ante la sucesión de éxitos del Gobierno en las recientes semanas, con anuncios de importantes inversiones extranjeras directas, reducción de la tasa de cambio con control de la inflación y recuperación del ritmo de crecimiento de la economía.
Sin ánimo de tirar un jabón al sancocho, sin embargo, otro dato concurrente obliga a preguntarse cuánto más podríamos lograr con una mejor política para la creación de empleos formales en el sector privado. Es posible que el crecimiento del PIB de casi 4 % en los dos primeros meses, época usualmente dura por la resaca posnavideña, haya sido mayormente por un aumento del consumo tras los desproporcionados aumentos de la nómina estatal.
El CREES informó el viernes que según Sisalril el número de empleados públicos llegó al cierre de 2025 a casi 775,000. Es casi 5 % más que al finalizar 2024. Desde 2015 la nómina pública creció con 255,682 nuevos empleados. Si de manera proporcional, o mejor aún mayor, hubiera crecido el empleo privado, habría que aplaudir. Pero datos oficiales indican que el 40 % de los nuevos ocupados cobran sueldos estatales.
De octubre a diciembre de 2025, los del Gobierno fueron el 64 % de los nuevos. El presupuesto estatal de 2026 prevé que los salarios serían 23.2 % del gasto público total, pero seguramente será más. Entre pagar intereses y sueldos, el Gobierno está como los padres de familia: con más necesidades que ingresos, no porque ganan poco, sino por no saber distribuir sus sueldos mejor.
Como optimista, creo que es necesario incentivar la creación de más y mejores empleos formales privados, que generan riqueza en vez de drenar al erario. Con tantas otras buenas noticias, mejorar la política de creación de empleo sería fenomenal.
