Electricidad y populismo
¿Qué negocio sigue a flote cuando le están robando la mitad de su mercancía, o cuando la regala? La electricidad despachada y no facturada de las distribuidoras de electricidad promedia en el 43 %. Es decir, que el 43 % de la energía eléctrica dominicana se pierde o se la roban.
Esto se debe, fundamentalmente, a una cultura enquistada por décadas. Comunidades enteras sin contadores, donde la gente se conecta como les da la gana. Quien no paga luz usa televisores viejos, neveras ineficientes, bombillos incandescentes, etc. Hay quienes suelen dejar los aires encendidos durante el día para encontrar la casa fresca en la noche. Como dice el refrán: “A lo que nada nos cuesta…”.
¿Por qué no se le pone un freno a eso? Por una razón tan obvia como incómoda: el costo electoral.
Pero el sistema eléctrico dominicano ya no aguanta más populismo y clientelismo. En el 2025 el costo económico de subsidiar las “pérdidas” pasó los 105 mil millones de pesos. Una cifra sólo superada por el presupuesto de Educación, y que representó cerca de la décima parte de todo el presupuesto del Estado. Este dinero no va a mejorar las redes o la capacidad de generación… Se va en pagar la electricidad de quien no paga.
Estamos patrocinando un sistema eléctrico deficiente, donde empresas y negocios deben contar con sistemas de respaldo, que encarece la inversión y las operaciones, y que afecta nuestra competitividad como país.
El sistema eléctrico dominicano es una herida abierta que desangra el presupuesto nacional, es un lastre que dificulta el desarrollo de nuestro país.
El clientelismo es un cáncer que hay que extirpar del sistema eléctrico, pues, aunque la operación sea riesgosa, es más riesgoso no hacer nada.
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