El señor Cacao
Pocos dominicanos han contribuido tan significativamente al progreso y el desarrollo del país como don Héctor Rizek Llabaly, quien partió hacia el Cielo el sábado tras 95 años de fructífera vida terrenal.
Las notas necrológicas destacan su discreto pero indisputable liderazgo empresarial, basado en liderar las exportaciones de cacao tras casi seis décadas de consagración a un giro que padeció embates gravísimos como huracanes e impuestos de exportación muy gravosos.
Nació en San Francisco de Macorís de padres palestinos que inmigraron en 1905. Tras graduarse en derecho en la Universidad de Santo Domingo en 1956, su vida lucia destinada al ejercicio jurídico y la notaría.
Tras el ajusticiamiento de Trujillo en 1961, antes de cumplir 30 años inició su participación en los negocios de exportación y una década después adquirió el control de la empresa Nazario Rizek, C. por A., que bajo su liderazgo creció notablemente.
Al comenzar los 80, Rizek alcanzó el liderazgo de exportación de cacao, como suplidor premium de los más exigentes compradores del mundo.
Don Héctor participó como fundador de universidades, patronatos y entidades benéficas; amplió sus inversiones en otros sectores; su espíritu innovador lo proyectó como silente filántropo y mecenas.
Pese a rehuirlos, recibió importantes reconocimientos, entre ellos la orden de Duarte, Sanchez y Mella en el grado de caballero.
Pero su mayor legado, a mi juicio, no fue material, sino la ejemplar familia que formó con su esposa doña Ela Sarah Sued y sus hijos Héctor José, Samir, Sarah y Roxana, sus hijos políticos y nietos. La cuarta generación ya se integró a los negocios familiares.
Formar ciudadanos ejemplarmente decentes, comprometidos socialmente, es más valioso que cualquier fortuna. ¡Descanse en paz señor Cacao!
