Históricamente, hemos observado cómo el crédito agrícola ha sido catalogado como un instrumento de alto riesgo. Esto se asocia directamente a fenómenos indirectos que ocurren en cualquier sociedad, como la dependencia del clima, las plagas y, en muchos casos, la volatilidad de los precios internacionales. Esto crea las condiciones y los argumentos necesarios para que este tipo de crédito sea, en muchas ocasiones, muy restrictivo.
Es cierto que la agricultura tiene grandes desafíos que otras actividades económicas no suelen tener históricamente, pero aquellas también tienen otros riesgos asociados que son más generales y que también forman parte del sistema actual. Partiendo de esto, debemos preguntarnos: ¿queremos un sistema de crédito más rentista o uno que impulse proyectos de vida?
Los créditos agrícolas, más que los riesgos asociados a su actividad, tienen una percepción que busca imponer barreras a este sector que tanto necesita cualquier país donde se piense en una economía con sentido de vida. Antes de fijar una posición mediática, debemos concentrar esfuerzos en fortalecer instrumentos que reduzcan el riesgo real: fondos de garantía, uso de tecnología y capacitaciones.
Según el Informe de Evolución de la Cartera del Sector Agropecuario, a diciembre del año 2025, el índice de morosidad se encontraba 0.8 % por debajo de la cartera comercial del sistema total, dando por hecho que los productores nacionales se encuentran cumpliendo con sus compromisos por encima de los otros sectores económicos nacionales.
Otro indicador que comprueba la resistencia de la cartera agropecuaria es la mejora en su clasificación de riesgo. Al cierre de diciembre de 2025, el 81.6 % de la cartera estaba clasificada en las categorías "A" y "B", consideradas las de menor riesgo crediticio.
Estos datos demuestran que, en muchas ocasiones, la desinformación suele ser un elemento importante que afecta a sectores que necesitan dinamizarse y que son de gran valor económico para los países, principalmente en vías de desarrollo. Caer en esta trampa y en estos sesgos mediáticos es un látigo para los sectores productivos de nuestro país.
Se hace necesario, cada día, construir una economía más humana y productiva, que busque crear las condiciones necesarias no solo para enfrentar la percepción de los créditos agrícolas, sino también crear las condiciones para que estos puedan ser administrados de forma eficiente con tecnología, evaluación técnica y fondos de garantía.
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