Los triunfos en muchas ocasiones, obstruyen y turban la razón, situación que impide ver y pensar con claridad los objetivos más prioritarios que mantengan una mentalidad airosa ante los retos constantes que producen confusión y bloqueos transitorios, temporales o permanentes.
Esos sentimientos y creencias de victoria a veces se combinan con la creencia de que serán permanentes, descuidando por completo elementos básicos.
Así es como históricamente se han producido descuidos en aspectos básicos, que han sido factores preponderantes en la obtención de esos triunfos que tanto celebramos.
Y quizá, estoy dando muchos rodeos para advertir que las victorias y los éxitos, en innúmeras ocasiones nos hacen olvidar por completo temas de importancia vital, trascendentes.
Ese ha sido el caso que han originado las instalaciones deportivas en la República Dominicana, las cuáles tras la conclusión de eventos internacionales, e incluso locales, prácticamente son abandonadas a su suerte en cuanto a otorgarle un adecuado mantenimiento físico.
Desde 1974, cuando el país fue sede por primera vez de un evento regional, los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, hasta los celebrados en 1986 en Santiago y luego los Panamericanos de 2003, el país realizó inversiones multimillonarias en la construcción y modernización de instalaciones.
La historia está ahí, y el tiempo es testigo de cómo han quedado abandonadas a su suerte, lo que obligó a que este año para el montaje de los XXV Juegos SD2026, el Estado se viera en la necesidad de invertir más de 12 mil millones de pesos en construcción y remozamiento de una gran cantidad de obras, que Dios quiera se mantengan en buenas condiciones por muchos años.