El problema de las estadísticas financieras internacionales y la nueva data

Tomás D. Guzmán Hernández
Tomás D. Guzmán Hernández

La crisis económica y financiera internacional de 2008-2009, conocida como la Gran Recesión, puso de manifiesto, entre otros problemas, una grave insuficiencia de información estadística en ámbitos fundamentales para comprender la magnitud y la velocidad con que se acumulaban los riesgos. Las autoridades económicas y financieras disponían de numerosos datos sobre bancos, mercados y economías nacionales, pero carecían, en muchos casos, de información suficientemente integrada, oportuna y comparable sobre las conexiones existentes entre instituciones, países y mercados.

La crisis demostró que no bastaba con conocer cuánto crédito otorgaba un sistema bancario, cuál era su nivel de capital o cuánto representaba la deuda pública de un país respecto de su producto interno bruto. Era necesario conocer quién financiaba a quién, en qué moneda, a qué plazo, mediante qué instrumento y con qué grado de interconexión. También resultaba imprescindible identificar los riesgos que se acumulaban fuera del sistema bancario tradicional.

El problema no era exclusivamente la ausencia de estadísticas. También estaba relacionado con la forma en que se producían, clasificaban, compartían e interpretaban los datos. Las estadísticas financieras internacionales se encontraban distribuidas entre bancos centrales, organismos reguladores, oficinas nacionales de estadísticas, bolsas de valores y organismos multilaterales, utilizando metodologías que no siempre permitían realizar comparaciones rápidas entre países.

La experiencia de la crisis dejó una enseñanza fundamental: una economía globalizada necesita estadísticas que también estén globalizadas. Cuando las instituciones financieras operan internacionalmente, la información utilizada para supervisarlas no puede permanecer limitada a las fronteras nacionales.

La información que faltó durante la crisis

Antes de 2008 se había producido una extraordinaria expansión del crédito, especialmente en los mercados inmobiliarios y financieros de las principales economías. Sin embargo, buena parte de los riesgos estaba distribuida entre bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, vehículos financieros y otras instituciones que no siempre aparecían con claridad en las estadísticas tradicionales.

Se demostró que los riesgos de crédito aumentaron debido al fuerte nivel de endeudamiento y apalancamiento, una parte importante del cual se produjo fuera de las instituciones de depósitos tradicionales. El financiamiento mediante papel comercial, acuerdos de recompra —repos—, valores respaldados por activos y otros instrumentos del mercado permitió que numerosos agentes financieros asumieran posiciones de gran tamaño con relativamente poco capital propio.

El problema se agravó por el fuerte aumento del financiamiento de corto plazo utilizado para adquirir activos de largo plazo. Esta transformación de vencimientos generó un desajuste entre los plazos de los activos y los pasivos. Mientras los activos podían tardar años en convertirse en efectivo, muchas de las obligaciones debían renovarse diariamente o en períodos muy cortos.

Cuando desapareció la confianza, el mecanismo comenzó a funcionar en sentido contrario. Los inversionistas dejaron de renovar los financiamientos, los precios de los activos disminuyeron y las instituciones se vieron obligadas a vender activos para obtener liquidez. La llamada corrida financiera dejó de ser solamente un fenómeno de los depositantes bancarios y se trasladó también a los mercados mayoristas.

La información disponible no permitió apreciar con suficiente anticipación la dimensión de esas interconexiones. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) ha señalado que la crisis reveló importantes deficiencias tanto en los datos como en los marcos analíticos utilizados para evaluar el riesgo sistémico. (Banco de Pagos Internacionales)

Las conexiones entre las instituciones

Una de las principales lecciones fue la necesidad de disponer de información sobre las redes financieras internacionales. Una institución podía presentar balances aparentemente sólidos desde la perspectiva nacional y, sin embargo, encontrarse altamente expuesta a otra institución, mercado o país.

Por ello, la supervisión moderna requiere conocer las relaciones entre bancos, fondos de inversión, aseguradoras, gobiernos, empresas y hogares. Los préstamos interbancarios, las carteras de valores, los derivados financieros, los acuerdos de recompra y las operaciones intragrupo constituyen elementos esenciales para evaluar el riesgo.

La información sobre derivados es particularmente importante. Un contrato puede representar un activo o un pasivo relativamente pequeño en términos de valor inicial, pero generar exposiciones muy superiores cuando cambia el precio del activo subyacente. Por esa razón, no basta con conocer el valor contable de las instituciones: también es necesario identificar sus exposiciones brutas y netas, garantías, contrapartes y vencimientos.

La crisis llevó a los organismos internacionales a plantearse una pregunta que todavía conserva plena vigencia: ¿cómo puede una autoridad supervisar adecuadamente un sistema financiero internacional si no puede observar sus principales conexiones?

El nacimiento de la Iniciativa de Brechas de Datos

Como respuesta a estas deficiencias, en 2009 los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 respaldaron la Iniciativa de Brechas de Datos —Data Gaps Initiative, DGI—, impulsada conjuntamente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) y el Grupo Interinstitucional sobre Estadísticas Económicas y Financieras.

La primera fase incluyó 20 recomendaciones destinadas a mejorar la información necesaria para detectar riesgos financieros y macroeconómicos. Posteriormente, la segunda fase —DGI-2— buscó establecer estadísticas regulares, comparables, oportunas, integradas y de mayor calidad. (IMF)

Entre los temas prioritarios estuvieron los indicadores de solidez financiera, las instituciones financieras de importancia sistémica, los balances sectoriales, las estadísticas de valores, la deuda, las posiciones internacionales y las interconexiones financieras.

La iniciativa representó un cambio importante de concepción. Ya no se trataba solamente de producir más estadísticas, sino de producir mejores estadísticas para responder preguntas concretas de política económica.

En junio de 2022, el FMI y el FSB anunciaron la conclusión de la segunda fase de la iniciativa y reconocieron avances importantes en cobertura, puntualidad, periodicidad y desarrollo de marcos conceptuales. Al mismo tiempo, señalaron la necesidad de continuar cerrando brechas relacionadas con las nuevas necesidades de política económica. (IMF)

De la crisis financiera a la nueva data

El mundo financiero de 2026 es considerablemente diferente al existente en 2008. El sistema bancario continúa siendo fundamental, pero comparte el mercado con fondos de inversión, fondos del mercado monetario, compañías de seguros, fondos de pensiones, gestores de activos, fintech y otras instituciones que participan activamente en la intermediación financiera.

Esta transformación obliga a ampliar nuevamente la frontera estadística.

La denominada intermediación financiera no bancaria (NBFI) constituye uno de los mejores ejemplos. Según el Consejo de Estabilidad Financiera, en 2024 este sector creció 9,4%, aproximadamente el doble del ritmo de expansión de la banca, y sus activos representaron el 51% de los activos financieros mundiales. (Financial Stability Board)

Este dato es importante porque significa que una parte considerable de la intermediación financiera mundial se produce fuera de los bancos tradicionales. En consecuencia, una supervisión basada exclusivamente en estadísticas bancarias podría dejar fuera una porción creciente de los riesgos.

El problema no consiste en considerar a las instituciones no bancarias como necesariamente peligrosas. Muchas cumplen funciones económicas esenciales y diversifican las fuentes de financiamiento. El riesgo surge cuando sus estructuras de financiamiento, niveles de apalancamiento, exposiciones cruzadas o necesidades de liquidez pueden amplificar un shock financiero.

La banca internacional y una economía cada vez más integrada

Las estadísticas del BIS muestran la dimensión que ha alcanzado la banca internacional. Al cierre de 2025, las posiciones bancarias transfronterizas alcanzaron aproximadamente US$46 billones, mientras que el crédito bancario transfronterizo llegó a US$38,1 billones. Durante 2025, este último aumentó 11%, su mayor crecimiento interanual desde el primer trimestre de 2008. (Banco de Pagos Internacionales)

Estos números permiten comprender por qué la estadística financiera internacional no puede limitarse a conocer el balance de los bancos dentro de cada país.

El BIS dispone de dos instrumentos particularmente importantes: las estadísticas bancarias por localización —LBS—, que permiten conocer la composición geográfica y monetaria de los activos y pasivos bancarios, y las estadísticas bancarias consolidadas —CBS—, que permiten medir las exposiciones de los grupos bancarios internacionales desde una perspectiva consolidada. (Banco de Pagos Internacionales)

La diferencia es fundamental. Una estadística puede mostrar dónde se encuentra físicamente una operación, mientras otra puede indicar cuál es el país de origen del grupo financiero que finalmente asume el riesgo.

Para las economías pequeñas y abiertas, como la República Dominicana, esta información tiene particular importancia. Los cambios en las tasas de interés internacionales, la liquidez mundial, el valor del dólar, los flujos de capital y las condiciones de financiamiento externo pueden trasladarse rápidamente a las economías nacionales.

La nueva frontera: clima, tecnología y finanzas

La nueva generación de estadísticas financieras no se limita a los problemas descubiertos en 2008. El cambio climático, la transformación tecnológica y la innovación financiera están creando nuevas necesidades de información.

Los riesgos climáticos pueden afectar el valor de los activos, la capacidad de pago de empresas y hogares, las garantías de los préstamos y las primas de seguros. Una sequía prolongada, un huracán, una inundación o un aumento considerable del nivel del mar pueden generar pérdidas financieras que inicialmente no aparecen en las estadísticas tradicionales.

De igual manera, la digitalización ha creado nuevas formas de intermediación. Las fintech, los sistemas de pagos digitales, los activos digitales y otras innovaciones pueden aumentar la eficiencia del sistema financiero, pero también generan nuevas necesidades de medición y supervisión.

Precisamente, la tercera fase de la Iniciativa de Brechas de Datos —DGI-3— amplió el campo de trabajo hacia 14 brechas de información relacionadas, entre otros temas, con cambio climático, innovación financiera e inclusión económica. (IMF)

Esto demuestra que la estadística financiera dejó de ser una tarea exclusivamente contable. Actualmente forma parte de la infraestructura necesaria para anticipar riesgos económicos, sociales y ambientales.

La calidad de los datos es tan importante como su cantidad

Una de las grandes dificultades de las estadísticas internacionales es que disponer de más datos no necesariamente significa disponer de mejor información.

Un país puede publicar miles de indicadores y, sin embargo, tener dificultades para compararlos con los de otra nación. Las diferencias metodológicas, períodos de referencia, clasificaciones, definiciones de deuda y sistemas contables pueden producir resultados que aparentemente son comparables, pero que no lo son completamente.

Por ello, el FMI utiliza un marco de evaluación de la calidad estadística que considera dimensiones como la integridad, solidez metodológica, exactitud, confiabilidad, utilidad y accesibilidad de los datos. (IMF Data)

La calidad también exige puntualidad. En una crisis financiera, una estadística publicada seis meses después puede ser útil para la investigación histórica, pero resultar insuficiente para una autoridad que debe tomar decisiones en cuestión de días o semanas.

De ahí la creciente importancia de las estadísticas de alta frecuencia y de los sistemas de información capaces de procesar grandes volúmenes de datos prácticamente en tiempo real.

De la estadística tradicional al dato granular

La tendencia internacional apunta hacia una mayor utilización de datos granulares. En lugar de observar únicamente el total del crédito, por ejemplo, las autoridades buscan conocer su distribución por sector económico, tamaño de empresa, moneda, vencimiento, tipo de garantía, ubicación geográfica y calidad crediticia.

Lo mismo ocurre con la deuda pública. No es suficiente conocer el monto total. Es necesario identificar moneda, vencimiento, acreedores, tasas de interés, estructura de amortización y exposición a variaciones cambiarias.

La misma lógica se aplica al sistema financiero. La concentración de activos en pocas instituciones puede representar un riesgo diferente al de un sistema donde las posiciones están más distribuidas.

Los indicadores agregados siguen siendo indispensables, pero los datos agregados deben complementarse con información desagregada que permita identificar dónde está concentrado el riesgo.

El desafío de compartir información

Existe, sin embargo, un problema adicional: cuanto más detallada es la información, mayores son las preocupaciones sobre confidencialidad, privacidad y seguridad.

Las autoridades financieras deben encontrar un equilibrio entre compartir información suficiente para prevenir riesgos sistémicos y proteger los datos individuales de bancos, empresas y personas.

La solución no consiste necesariamente en publicar todos los datos. En muchos casos puede ser suficiente establecer mecanismos seguros para que los bancos centrales, organismos reguladores y organismos internacionales compartan información agregada o anonimizada.

La experiencia de la crisis demostró que la falta de comunicación entre instituciones puede convertirse en un problema en sí mismo. Una autoridad puede disponer de información que otra necesita urgentemente y no contar con mecanismos adecuados para transmitirla.

Por eso, la arquitectura estadística internacional debe incluir no solamente bases de datos, sino también protocolos de intercambio, estándares comunes y mecanismos de cooperación institucional.

La importancia para la República Dominicana

Para la República Dominicana, el mejoramiento de las estadísticas financieras internacionales tiene una importancia creciente por la estructura abierta de su economía.

El país depende significativamente del comercio exterior, las remesas, el turismo, la inversión extranjera, los flujos financieros internacionales y el financiamiento externo. Todos estos factores pueden verse afectados por acontecimientos que se producen fuera de sus fronteras.

Una variación considerable de las tasas de interés internacionales puede modificar el costo del financiamiento público y privado. Un cambio en el valor del dólar puede alterar el servicio de la deuda denominada en moneda extranjera, los precios de importación y la rentabilidad de determinados sectores.

De igual forma, una desaceleración de Estados Unidos puede afectar simultáneamente las exportaciones, el turismo, las remesas y la inversión. Sin estadísticas oportunas sobre estos canales de transmisión, las autoridades pueden reaccionar cuando el problema ya se ha materializado.

La estadística internacional, por tanto, no es un asunto distante reservado a los organismos multilaterales. Tiene consecuencias directas sobre la política monetaria, fiscal, cambiaria y financiera de la República Dominicana.

El nuevo problema: demasiada información

Paradójicamente, el mundo actual enfrenta un problema diferente al de 2008. Entonces faltaban datos; ahora existe el riesgo de disponer de demasiados datos sin suficiente capacidad para interpretarlos.

La expansión de las bases de datos, los registros administrativos, las transacciones electrónicas y las nuevas tecnologías permite obtener información en cantidades nunca antes imaginadas. Pero el volumen no garantiza calidad.

Una autoridad puede recibir millones de observaciones diariamente y, al mismo tiempo, carecer de un indicador sencillo que le advierta que está aumentando el riesgo de liquidez, que un sector está excesivamente endeudado o que existe una concentración peligrosa de activos.

Por eso, la nueva estadística debe combinar cantidad, calidad, oportunidad y capacidad analítica.

La inteligencia artificial y las nuevas herramientas de procesamiento de datos pueden ayudar a identificar patrones que anteriormente resultaban difíciles de observar. Pero estas tecnologías no sustituyen la necesidad de metodologías estadísticas sólidas. Un modelo puede procesar millones de datos y producir una conclusión incorrecta si la información de origen está incompleta, sesgada o mal clasificada.

Estadísticas para anticipar, no solamente para explicar

Una de las mayores enseñanzas de la Gran Recesión es que las estadísticas no deben servir únicamente para explicar las crisis después de ocurridas.

El verdadero objetivo debe ser desarrollar sistemas de información que permitan anticipar la acumulación de vulnerabilidades.

Esto implica construir indicadores de alerta temprana sobre endeudamiento, liquidez, precios de activos, crédito, concentración financiera, exposición cambiaria y riesgos transfronterizos.

El BIS ha advertido que mejores estadísticas y mejores marcos analíticos no impiden por sí solos una crisis, pero pueden permitir identificar vulnerabilidades que anteriormente permanecían ocultas y detectar su aparición con mayor anticipación. (Banco de Pagos Internacionales)

La conclusión es clara: las estadísticas son una condición necesaria, aunque no suficiente, para una buena política económica.

También se requiere que las autoridades sepan interpretarlas, que exista coordinación institucional y que exista voluntad para actuar cuando los indicadores comienzan a mostrar señales de deterioro.

Hacia una nueva arquitectura estadística internacional

La nueva arquitectura estadística debe avanzar en cinco direcciones.

Primero, mayor integración internacional, para que los datos de diferentes países puedan ser comparados con criterios homogéneos.

Segundo, mayor oportunidad, mediante sistemas que reduzcan el tiempo entre la generación del dato y su disponibilidad para las autoridades.

Tercero, mayor desagregación, para identificar no solamente cuánto riesgo existe, sino dónde se encuentra concentrado.

Cuarto, mayor cobertura, incorporando al análisis a los intermediarios financieros no bancarios, los nuevos instrumentos financieros y las nuevas formas de intermediación digital.

Quinto, mayor capacidad de análisis, combinando las estadísticas tradicionales con registros administrativos, nuevas tecnologías y herramientas de inteligencia artificial, sin abandonar los principios de transparencia, metodología y calidad estadística.

El desafío consiste en construir un sistema que permita observar la economía mundial casi como se observa un sistema eléctrico: identificando sus conexiones, sus puntos de concentración, sus flujos y sus posibles fallas.

La experiencia de 2008 demostró que los mercados financieros no respetan las fronteras nacionales. La estadística financiera tampoco debería hacerlo.

Conclusiones

La Gran Recesión de 2008-2009 dejó una enseñanza que continúa vigente: no se puede administrar adecuadamente lo que no se puede medir y, sobre todo, lo que no se puede observar en sus interconexiones.

La ausencia de información completa sobre el apalancamiento, las operaciones fuera de balance, los mercados de financiamiento de corto plazo y las relaciones entre instituciones dificultó la identificación temprana de los riesgos que terminaron convirtiéndose en una crisis mundial.

La creación de la Iniciativa de Brechas de Datos del G20 constituyó una respuesta institucional importante. Desde 2009 se han producido avances significativos en la disponibilidad, comparabilidad, periodicidad y calidad de las estadísticas financieras internacionales. (IMF)

Pero el problema no ha desaparecido. El sistema financiero se transforma continuamente y los nuevos riesgos generan nuevas necesidades de información.

La expansión de la intermediación financiera no bancaria, el crecimiento de los mercados internacionales, la digitalización, los activos financieros innovadores y los efectos económicos del cambio climático obligan a seguir ampliando las fronteras estadísticas.

En consecuencia, el desafío actual ya no consiste solamente en llenar los vacíos de información que dejó la crisis de 2008, sino en construir una infraestructura estadística capaz de anticipar los riesgos de la economía mundial del futuro.

Para países pequeños y abiertos como la República Dominicana, esta tarea adquiere especial importancia. La economía nacional está estrechamente vinculada con los mercados internacionales y, por tanto, necesita estadísticas nacionales compatibles con los estándares internacionales y capaces de identificar rápidamente los canales mediante los cuales los shocks externos pueden transmitirse al país.

Finalmente, debe recordarse que mejores estadísticas no garantizan por sí solas mejores decisiones. Los datos son instrumentos. Su valor depende de la calidad con que se recopilen, de la rapidez con que se procesen y, principalmente, de la capacidad y voluntad de las autoridades para interpretarlos y actuar oportunamente.

La nueva data financiera debe tener, por tanto, un objetivo superior: pasar de registrar el pasado a iluminar el futuro.
El autor es economista.

Bibliografía

Banco de Pagos Internacionales (BIS). Closing data gaps to enhance systemic risk measurement. Annual Economic Report, 2011. (Banco de Pagos Internacionales)

Banco de Pagos Internacionales (BIS). Cerutti, Eugenio M.; Claessens, Stijn; McGuire, Patrick. Systemic risk in global banking: what can available data tell us and what more data are needed? BIS Working Papers No. 376, 2012. (Banco de Pagos Internacionales)

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Fondo Monetario Internacional (FMI). The Third Phase of the G20 Data Gaps Initiative (DGI-3) Starts to Deliver Insights for Action. 2023. (IMF)

Financial Stability Board (FSB). Global Monitoring Report on Non-Bank Financial Intermediation 2025. Datos correspondientes a 2024. (Financial Stability Board)

Sobre el autor

Tomás Guzmán Hernández

Economista, CPA, comunicador social, catedrático universitario con 25 años de experiencia en el Sector Público Centralizado, Descentralizado y el Congreso. Desempeño en áreas como: Director de Innovación y Desarrollo Productivo del MEPyD, Consultor Económico y Social del Dpto. de Comisiones Cámara de Diputados, Director Depto. Financiero del SIUBEN, Enc Administrativo y Financiero de la Oficina de Cooperación Internacional del MINERD. Director del Centro de Procesamiento de Datos del...