El poder del tiempo

Daris Javier Cuevas
Daris Javier Cuevas, economista y académico.

La figura del tiempo en la vida humana es uno de los conceptos más omnipresentes, fruto de que este estimula las actividades cotidianas, crea las experiencias e incluso establece cómo observamos nuestra existencia. Desde el movimiento de un reloj hasta el cambio de las estaciones, el factor tiempo parece una fuerza implacable que avanza sin cesar.

Una interpretación reflexiva acerca del poder del tiempo es aquella que reza que todo ocurre o llega en su debido momento, lo que indica que la paciencia es un factor determinante en el cumplimiento de los plazos. Es de ahí que la sabiduría popular nos indica que “No hay plazo que no se cumpla”, significando esto que el tiempo pasa inexorablemente, que toda espera llega a un final y que ningún compromiso queda sin resolverse.

En relación al ejercicio de gobernar, o control del poder, el factor tiempo es fundamental para definir la capacidad de un gobernante para sincronizar las urgencias del presente con las metas de largo plazo. Por tal razón, el factor tiempo es el recurso más valioso para quien gobierna ya que este define el margen de acción entre las promesas de campaña, la realidad administrativa y el juicio final de los ciudadanos en las urnas.

Es en tal contexto que se entiende mucho mejor los criterios de que el poder necesita límites para que quienes lo ejerzan no puedan guiarse únicamente por la ética de la convicción, sino que tengan que asumir la responsabilidad por sus actos. Y es que uno de los fundamentos de la democracia es la presencia de los limites del poder, lo cual queda establecido en el Estado de Derecho a través de la exigencia sobre los procedimientos de legalidad, el respeto a los derechos y libertades y los principios democráticos.

La historia está llena de lecciones y advertencias acerca de la importancia que significa defender los límites del gobierno en sus actuaciones y con ello resguardar la libertad. El poder sin límites dejó en los Romanos un amargo sufrimiento fruto de las consecuencias de gobernantes desbordados que los obligaron a construir múltiples mecanismos de control para que en lo adelante estas perturbaciones no se reprodujeran a escala global y multiplicativa.

Una compresión de la vinculación existente entre la economía política, la economía, la política económica y el poder político permite interpretar la compleja relación que se construye entre las actividades económicas, las instituciones, la sociedad y el ejercicio del poder. Esta relación conduce a la sesuda reflexión de que la primera víctima del abuso del poder es la economía ya que esta es sometida a un elevado nivel de riesgos y estrés cuando los gobernantes tienden a sobrepasar los límites de poder que trastornan la dinámica de la economía.

Apelando al pensamiento económico nos encontramos la preocupación predominante de ponerle límites al poder del Estado, en particular a los gobernantes, por la perturbación que sufre una economía cuando el poder sin límites vulnera derechos, se impone y restringe la libertad económica. En los enfoques de Adam Smith encontramos esas preocupaciones cuando hacía referencia a las funciones esenciales del Estado, la sociedad y la justicia.

Bajo el enfoque planteado, hay que resaltar que la Constitución no fue concebida pura y simplemente para facilitar el ejercicio del gobierno. Fue instituida, esencialmente, para impedir que el poder, aun cuando nazca de la voluntad popular, termine ejerciéndose sin límites.

Y es que la fortaleza de una democracia no se mide exclusivamente por la legitimidad de quienes llegan al poder mediante las urnas. También se mide por la capacidad de esos mismos gobernantes para aceptar que la Constitución continúa siendo la autoridad suprema en un Estado constitucional.

En el caso de la Republica Dominicana, se inicia el punto de inflexión donde al presidente Luis Abinader solo le restan 24 meses para concluir su periodo constitucional, por tanto, ha de concentrarse en trazarse metas alcanzables sin comprometer al próximo gobierno. Ojalá y que, en esta etapa final, el gobernante no caiga en la desesperación de la aceleración de nuevas obras, prometidas e incumplidas, y se desenfrene con nombramientos alegres, pues la economia y la democracia no resisten más desordenes.

Sobre el autor

Daris Javier Cuevas

Economista-Abogado
Máster y Doctorado en economía
Catedrático de la UASD