El poder del deporte
Definitivamente, el béisbol tiene una alta dosis de “responsabilidad” en la ya avanzadas negociaciones para la estabilización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
La visita de una selección de Grandes Ligas, concomitantemente con el anuncio del comisionado Fred Manfred, de flexibilizar los trámites para firmar a jugadores de la isla, son pasos históricos que hasta hace unos meses parecían imposibles.
No es la primera vez, en la era moderna, que el deporte juega un papel de primer orden en las relaciones de los pueblos con ideologías diametralmente opuestas.
China y Estados Unidos, en la parte más ácida de la “Guerra Fría”, todavía con las huellas latentes de la guerra de Vietnam, limaron sus grandes asperezas con la denominada diplomacia del tenis de mesa (ping pong), que por cierto, entre los integrantes el dominicano Errol Resek integró la delegación estadounidense.
En esa oportunidad los presidentes Richard Nixon y Mao Tse Tung parecían enemigos irreconciliables, sin embargo, de ahí en adelante las relaciones, aunque todavía un poco tirantes, han cambiado del “cielo a la tierra”.
La visita a Cuba de una selección de peloteros de diversas nacionalidades, que incluye al dominicano Nelson Cruz, es señal de que los obstáculos están cayendo como rocas desde un precipicio.
En esta visita a Cuba también queda demostrado que los intereses políticos y económicos siempre se imponen, ya que las Grandes Ligas ha puesto muchos obstáculos para jugar en República Dominicana, alegando que el estadio Quisqueya no reúne condiciones adecuadas mínimas.
Ante ese temor permanente que hay sobre el Quisqueya, se cae de la mata la siguiente pregunta: ¿tiene el estadio Latinoamericano, donde esa selección de Grandes Ligas jugará, mejores condiciones que el nuestro? ¡Jamás! Pero los intereses de los más poderosos siempre se imponen, y más en estas pequeñas y dependientes “Repúblicas bananeras”.
