El Plan Estratégico de Desarrollo de La Vega

José Mármol
José Mármol

La historia ha demostrado que la forma más viable de consolidación de los Estados y las instituciones democráticos descansa en dos pilares.

Uno, la participación creciente de los estratos sociales mayoritarios en las conquistas que obligan al Estado mismo a cumplir con sus deberes colectivos y a respetar el derecho de los individuos y de la sociedad civil.

El otro, la reducción de las desigualdades económicas, políticas y culturales entre un círculo cada vez más estrecho de ciudadanos privilegiados y una amplia masa, cada vez más amorfa y creciente, de ciudadanos condenados a la exclusión social, la pobreza y la desesperanza.

Este lamentable desbalance representa, para las democracias del siglo XXI, al mismo tiempo, una inmensa amenaza y una muy grande oportunidad.

El empresariado privado, cada vez más consciente de que no puede haber empresas exitosas en sociedades fracasadas, inició, hace décadas, un experimento de considerable envergadura económica, política y social, que implicó, mediante la creación de los planes estratégicos de desarrollo provincial, el trazado de una agenda auténticamente democrática, con participación de la sociedad civil, acerca de cómo, dónde, por qué y para qué se deberían invertir los recursos económicos de las provincias originados en el Estado y en la producción privada, más allá de las agendas, generalmente amañadas, coyunturalistas y clientelares de los partidos políticos con el control de la cosa pública, ya desde el Poder Ejecutivo o ya desde los gobiernos locales.

Este fenómeno ha implicado un verdadero empoderamiento del pensamiento y la acción de la ciudadanía, que además de recuperar la facultad de soñar con proyectos sostenibles a favor de las provincias y de su gente, sin que importen las clases sociales ni las banderías político-partidarias, ha devuelto, además, a la población un entusiasta sentido de la esperanza y de alcanzar un progreso factible, con vocación futurista.

De ese jaez, y con antelación a la Estrategia Nacional de Desarrollo 2012-2030, son los resortes visionarios del Plan Estratégico de Santiago (PES), decano, creo, de estas iniciativas de conjunción de lo público y lo privado en una agenda desarrollista sostenible, seguido de otro con un extraordinario vitalismo y una larga cadena de proyectos provinciales ejecutados como lo es el Plan Estratégico de Desarrollo de la Provincia Espaillat (Pedepe), a los que se suma, como realidad plasmada en un diagnóstico y una serie de propuestas de relieve el Plan Estratégico de Desarrollo de la Provincia de La Vega (Pevega), motorizado esta vez por la Gobernación Provincial, entre otros que, desde el seno mismo de las provincias y de sus fuerzas económicas y sociales vivas, se encuentran a la altura de comités gestores o en fase de diagnóstico de las necesidades y jerarquización de sus sueños y esperanzas, en distintas regiones geográficas del país.

La corresponsabilidad entre los sectores público y privado para, mediante la inclusión social, la planificación y la gestión territorial sustentable, lograr un mayor equilibrio socio-político y económico, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos es el denominador común de esta suerte de revolución pacífica y visionaria que vibra en varias de nuestras provincias.

El Consejo de Desarrollo de la Provincia de La Vega, presidido por su gobernador, Andrés Rodríguez Céspedes, ha sido capaz de armonizar los intereses particulares y generales de un vasto conjunto de personalidades e instituciones públicas y privadas de la provincia, que es un pilar de la producción agropecuaria del país y un singular referente natural, histórico y cultural, para, sobre una planificación estratégica basada en cuatro ámbitos (suelo, economía, inclusión social y derechos ciudadanos) construir una región territorialmente ordenada, dinamizar los sectores productivos mediante la atracción de inversión pública y privada para generar empleo y competitividad, garantizar el acceso de la población a los servicios públicos y lograr un buen clima de gobernabilidad democrática para la convivencia con plenos derechos políticos y sociales de los ciudadanos.

El diagnóstico refleja una muy clara visión de los retos que ha de afrontar el Pevega. Pero, el mayor de todos, es el de convertir esa visión, esos sueños veganos en fehaciente realidad.

¡Enhorabuena!