El papa Francisco

Frederich E Berges
Frederich E Berges

Jorge Mario Bergoglio, nacido en Argentina, de 76 años, asumió como cabeza terrenal de la iglesia Católica bajo el nombre de Francisco, el pasado 13 de de marzo.

Desde entonces, este sacerdote, adscrito a la Compañía de Jesús, comúnmente llamados Jesuitas, seguidor de San Francisco de Asís, el hombre que nos legó el espíritu de la paz y la convivencia feliz en la pobreza, viene presentando una conducta que fortalece la fe en el futuro de la iglesia Católica.

El papa Francisco ha calificado a las guerras como la locura conducente al suicidio de la humanidad; de los incrédulos, lo que importa es que sigan su conciencia; de los adulones, los cortesanos son la lepra de los papados; del aborto, que el derecho a la vida es el primero entre todos los derechos humanos; de los homosexuales, pregunta, si no es con amor que Dios los ve; de la mujer, que juega un rol más importante en la iglesia que la de los obispos o curas.

Y estas convicciones expresadas públicamente las respalda con una conducta ejemplar, prefiriendo un par de calzados cómodos y ordinarios a las zapatillas rojas que preferirían sus antecesores. Posee un destartalado carro Renault, en vez de una lujosa limosina, aunque cuenta con la madurez necesaria para saber conducirse apropiadamente en asuntos de Estado.

Este papa que destituye obispos dispendiosos con las limosnas de los feligreses, que no le tiembla el pulso para destituir cancilleres de cuestionadas decisiones encubridoras, que desafía la corrupción imbuida en el banco del Vaticano, y quien se inclina a lavarle los pies a un musulmán, está en el camino de las reformas profundas que requiere la madre iglesia.

Su conducta ejemplar, entereza y valentía son dignas de imitación de todo el que cree llamarse líder, sea político, sociedad civil, militar o religioso.