El oficio de paleontólogo

Wilfredo Mora NUEVA
Wilfredo Mora

La Academia Dominicana de Ciencias de la República Dominicana (ACRD) no está bien organizada en plantearse la división de las ciencias.

Si bien las ciencias exactas y las ciencias físicas y naturales, llamadas ciencias básicas, son las más afines a este organismo oficial del Estado dominicano, las ciencias de la tierra, del agua y de la atmósfera nos acercan más a la paleontología, una disciplina fascinante que nos ayuda a comprender mejor la historia de nuestro planeta y nuestro ecosistema.

Ella interpreta la vida de todos los seres que vivieron en el planeta a través de los registros fósiles, reconstruyendo su origen, su evolución, relación con el entorno, migraciones y extinciones.

La parálisis científica de esta ciencia en la universidad del Estado dominicano es insultante. Ello contrasta con la suerte, avance y desarrollo de la paleontología moderna, en las que existen facultades de ciencias naturales que incorporan escuelas de paleontología; en otros países, se han creado revistas de paleontología, premios a este tipo de estudio, v.g. Argentina, con el Premio Bernardo Alberto Houssayd (1947), del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Argentina; Premio Florentino Ameghino, de la Asociación Paleontológica Argentina (la primera en Sudamérica), y la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad de La Plata, en la que se estudia la paleontología, desde 1906, y creó la primera Facultad de Paleontología, en 1957.

Y lo mismo para Brasil, una potencia mundial de la paleontología, que destaca por sus sociedades paleontológicas y revistas de divulgación de fósiles y estudios avanzados.

La paleontología es una ciencia directamente vinculada con la geología, la geografía y la biología. Se le denomina, usualmente, la ciencia de los fósiles, que se representa como la “evidencia de vida pasada que se ha conservado de forma natural”. El fósil es un concepto amplio, ya que también se asocia la vida de los organismos que desaparecieron.

Un fósil puede ser un esqueleto o parte del mismo, un exoesqueleto, restos de árboles, una pisada, o restos de compuestos químicos. ¿Pero, cuidado? Un diente fósil es diferente a un diente. Estos elementos, visto así, le ofrecen al paleontólogo una idea importante del organismo, así como del ambiente en que habitó.

Y todo esto ocurre en una escala del tiempo físico. Se sabe que la tierra tiene aproximadamente 4,500 millones de años, y los paleontólogos organizan este tiempo en una escala llamada “tiempo geológico”, ya estudiado ampliamente: período Jurásico, en el que aparecieron los dinosaurios gigantes; el período Cretácico, que terminó con una gran extinción, y el período Cenozoico, donde aparecen los mamíferos modernos.

El oficio de paleontólogo es algo más que una enorme bibliografía que va a colmar nuestra paciencia, con curiosidades y mitos. Es un científico del mundo natural, tal como lo fue Jenófanes de Colofón, quien fuera un observador natural y viajero errante, y Leonardo da Vinci, que dibujó bocetos de piezas fósiles con precisión.

Gracias a la paleontología se desarrolló la tafonomía, como la disciplina que estudia los procesos de fosilización, los yacimientos fósiles; otros campos de trabajo, abarcaron la paleobiología, la sedimentología, la ecología y la geoquímica.

La anatomía comparada y la datación, sirvieron de base a una nueva ciencia: la paleoantropología, el estudio de la evolución humana a partir de fósiles y evidencias antiguas. Es una rama necesaria de la paleontología, que utiliza muchos métodos y técnicas del oficio del paleontólogo, lo que lo convierte, más que en un observador de las rocas fósiles, en un científico de la realidad natural.