Con motivo de la celebración de la Semana del Economista, organizada por el Colegio Dominicano de Economistas (CODECO), institución que agrupa a la mayoría de los profesionales de esta disciplina y que este año conmemora su 59.º aniversario, se desarrolló el martes 14 en el Salón Octogonal de la Biblioteca de la Universidad Católica de Santo Domingo, (UCSD) la conferencia magistral impartida por el economista Dr. Miguel Ceara Hatton, profesor de varias generaciones y actual director ejecutivo de la SISALRIL.
Durante su exposición se realizó un recorrido por la evolución histórica de los principales modelos económicos que han moldeado el desarrollo de la economía dominicana. Ese análisis permite comprender mejor los desafíos que enfrenta actualmente el país en un escenario internacional cada vez más complejo. Plantearé el recorrido, pero con mis propios criterios, no exactamente los del expositor.
El primer gran modelo económico fue el modelo agroexportador, predominante desde los inicios de la República hasta principios de la década de 1970. Su crecimiento descansó principalmente sobre las exportaciones de tabaco, café y cacao. Posteriormente, entre 1874 y 1876, surgió la industria azucarera, que terminó convirtiéndose durante casi un siglo en el principal motor de las exportaciones nacionales.
El agotamiento de este modelo comenzó a evidenciarse durante la década de 1970 debido a la caída de los precios internacionales del azúcar, la aparición del jarabe de maíz de alta fructosa como sustituto en Estados Unidos, el crecimiento de la producción de azúcar de remolacha en Europa y la pérdida de competitividad de la industria azucarera nacional.
Cuadro 1. Modelo agroexportador (1970-1975)
| Año | Crecimiento PIB (%) | Participación aproximada del sector agropecuario (%) | Principales exportaciones |
| 1970 | 8.4 | 23.5 | Azúcar, café, cacao, tabaco |
| 1971 | 10.2 | 22.9 | Azúcar |
| 1972 | 9.3 | 22.1 | Azúcar |
| 1973 | 10.4 | 21.5 | Azúcar y cacao |
| 1974 | 8.6 | 20.8 | Azúcar |
| 1975 | 5.0 | 20.1 | Azúcar y café |
Fuente: Banco Central de la República Dominicana; CEPAL; estimaciones históricas.
Paralelamente comenzó a desarrollarse el segundo gran modelo económico: la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), inspirada en las ideas estructuralistas impulsadas por Raúl Prebisch desde la CEPAL.
Este modelo buscaba reducir la dependencia de las importaciones mediante el fortalecimiento de la producción industrial nacional, apoyándose en incentivos fiscales, protección arancelaria y financiamiento estatal.
En la República Dominicana la ISI tomó verdadero impulso con la promulgación de la Ley 299 sobre Promoción e Incentivo Industrial, aprobada en 1968, la cual permitió el establecimiento de nuevas industrias manufactureras y sentó las bases para el posterior desarrollo de las zonas francas industriales.
Aunque las zonas francas alcanzaron su mayor expansión durante los años ochenta y noventa, sus primeros proyectos industriales comenzaron precisamente en este período de transformación productiva.
Cuadro 2. Modelo de Sustitución de Importaciones (1969-1980)
| Año | Crecimiento PIB (%) | Industria manufacturera (% PIB) | Hechos relevantes |
| 1969 | 9.5 | 16.2 | Ley 299 |
| 1970 | 8.4 | 16.7 | Expansión industrial |
| 1972 | 9.3 | 17.4 | Mayor protección industrial |
| 1974 | 8.6 | 18.0 | Crisis petrolera |
| 1976 | 5.5 | 18.4 | Declive azúcar |
| 1978 | 4.1 | 18.7 | Expansión manufacturera |
| 1980 | 8.0 | 19.1 | Consolidación industrial |
Fuente: Banco Central; CEPAL; ONAPLAN (series históricas).
Durante los años ochenta la economía dominicana experimentó profundas transformaciones. La crisis de la deuda latinoamericana, el aumento de las tasas de interés internacionales y la aplicación de programas de ajuste estructural modificaron significativamente el patrón de crecimiento económico.
La denominada Década Perdida afectó severamente a la mayoría de las economías latinoamericanas. La caída de los precios de los productos básicos, el elevado endeudamiento externo y la reducción de la inversión provocaron una desaceleración del crecimiento económico regional.
En ese contexto comenzó a consolidarse el tercer gran modelo económico dominicano: el modelo basado en los servicios, sustentado principalmente en el turismo, las remesas familiares, las zonas francas de exportación, el sistema financiero, las telecomunicaciones, el transporte y las actividades comerciales
Este modelo terminó desplazando gradualmente al agro y a la industria como principales generadores del producto interno bruto.
Cuadro 3. Modelo de servicios (2012-2023)
| Año | Crecimiento PIB (%) | Participación aproximada del sector servicios (%) |
| 2012 | 2.7 | 60.4 |
| 2013 | 4.9 | 60.9 |
| 2014 | 7.1 | 61.2 |
| 2015 | 7.0 | 61.6 |
| 2016 | 6.7 | 62.0 |
| 2017 | 4.7 | 62.4 |
| 2018 | 7.0 | 62.8 |
| 2019 | 5.1 | 63.1 |
| 2020 | – 6.7 | 62.5 |
| 2021 | 12.3 | 63.4 |
| 2022 | 4.9 | 63.9 |
| 2023 | 2.4 | 64.3 |
Fuente: Banco Central de la República Dominicana; CEPAL; Fondo Monetario Internacional.
El modelo de Sustitución de Importaciones (ISI) comenzó realmente a finales de los años sesenta y coexistió con el agroexportador durante varios años, mientras que el modelo de servicios empezó a consolidarse durante los años ochenta y se convirtió en predominante desde los noventas
La evolución de estos tres modelos demuestra que ninguno ha desaparecido completamente. El sector agropecuario continúa siendo estratégico para la seguridad alimentaria y las exportaciones; la industria manufacturera y las zonas francas mantienen un papel fundamental en la generación de divisas y empleos; mientras que el sector servicios constituye actualmente el principal motor del crecimiento económico nacional.
Hoy, el turismo, las remesas, los servicios financieros, las telecomunicaciones, el transporte y las zonas francas representan la base del crecimiento dominicano. Sin embargo, el nuevo escenario internacional exige avanzar hacia un modelo económico más sofisticado y con mayor contenido tecnológico.
¿Cuál es el nuevo escenario internacional?
El contexto internacional está siendo transformado por la inteligencia artificial, la automatización industrial, la digitalización de los procesos productivos, las tensiones geopolíticas y la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China.
La República Dominicana posee ventajas importantes derivadas de su estabilidad macroeconómica, su ubicación geográfica y sus estrechas relaciones comerciales con Estados Unidos. No obstante, estas fortalezas deberán complementarse con una nueva estrategia nacional basada en la innovación, la productividad y la economía del conocimiento.
El turismo deberá diversificarse mediante el fortalecimiento del ecoturismo, el turismo médico, el turismo deportivo, el turismo de convenciones y los grandes eventos internacionales, acompañados de inversiones en infraestructura moderna.
Asimismo, el país necesita impulsar zonas francas tecnológicas especializadas en semiconductores, inteligencia artificial, centros de datos, desarrollo de software, servicios digitales, dispositivos médicos y manufactura avanzada.
La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades para elevar la productividad en sectores como la banca, la agricultura, la industria manufacturera, la construcción, el transporte, la educación y la administración pública.
En el plano internacional, Estados Unidos continúa redefiniendo su estrategia económica frente al ascenso tecnológico de China. La competencia por el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores, vehículos eléctricos, robótica y computación avanzada ha dado origen a nuevas políticas industriales, restricciones comerciales y mayores aranceles, con el propósito de fortalecer la producción nacional y reducir dependencias estratégicas.
En este contexto, la República Dominicana debe aprovechar su condición de aliado estratégico de Estados Unidos para atraer inversiones vinculadas al nearshoring, consolidar cadenas regionales de suministro y convertirse en una plataforma logística y tecnológica para América Latina y el Caribe.
El reto consiste en evolucionar desde una economía predominantemente de servicios hacia una economía basada en el conocimiento, la innovación y la tecnología, capaz de generar empleos de mayor productividad y elevar sostenidamente el ingreso per cápita de la población.
La experiencia histórica demuestra que la República Dominicana ha sabido adaptar su estructura productiva a los cambios del entorno internacional. El desafío actual consiste en impulsar una cuarta transformación económica basada en la innovación, la digitalización, la inteligencia artificial y el conocimiento.
La estabilidad macroeconómica alcanzada durante las últimas décadas constituye una ventaja competitiva importante, pero no será suficiente si no se acompaña de mejoras sustanciales en productividad, educación, investigación científica, infraestructura digital y capital humano.
En un contexto de reconfiguración de las cadenas globales de suministro y de creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, el país dispone de una oportunidad histórica para posicionarse como un centro regional de manufactura avanzada, servicios tecnológicos y logística internacional. Aprovechar esa oportunidad dependerá, en gran medida, de la capacidad para construir una estrategia nacional de desarrollo que trascienda los ciclos políticos y coloque la innovación en el centro del crecimiento económico sostenible.