“El mundo temblará”
Desde mi adolescencia, las páginas que narraban la persecución de los judíos por el régimen nazi (1933-1945) me marcaron muy fuerte, con un dolor que aún persiste.
He leído y he visto en el cine, en la televisión y en streaming, innumerables producciones sobre aquella cruenta persecución, conocida como el “Holocausto” y nunca deja de parecerme uno de los peores momentos de la historia de la humanidad.
Todavía sufro el mismo horror que sentía cuando leía la crudeza que se cuenta, por ejemplo, en cada una de las casi 400 páginas de Treblinka, novela que me regaló en mis 15 años mi amigo, mentor y orientador, por quien decidí inclinarme por el periodismo como primera profesión, Félix Andrés Méndez Saldaña, cariñosamente Nini y/o Junior.
Eran tiempos en los que un libro, como “El diario de Ana Frank”, historia contada, durante dos años consecutivos (1942-1944), minuto a minuto por una niña de apenas 13 años, desde un sótano en el que se escondían familias judías para evitar ser llevados a las cámaras de exterminio u otras obras, como “Confieso que he vivido”, del poeta chileno Pablo Neruda, resultaban el regalo más preciado y el honor más grande que se podía recibir de parte de los cercanos.
Aquellas lecturas tan impactantes, junto a Así se templó el acero, de Nikolai Ostrovki; La madre, de Máximo Gorki; María, de Jorge Isaac, Al pie del patíbulo, de Julius Fuckcy, entre tantas otras, fueron lecciones de vida, aprendizajes y semillas para delinear el compromiso profesional, social y humano.
Hoy, décadas después, una película pone a la vista escenas escalofriantes del Holocausto: El mundo temblará narra la tragedia del campo de exterminio de Chelmno, en 1942, y no se limita a mostrar los hechos históricos y espeluznantes que se producían contra los judíos, sino que los convierte en una experiencia sensorial muy sobrecogedora.
Los mensajes de esta producción cinematográfica adquieren vigencia, en momentos en los que el mundo está amenazado por el resurgimiento de discursos de odio y que hasta proliferan intentos de relativizar o negar aquel crimen de lesa humanidad, que fue el Holocausto.
El mundo temblará (2025) es un drama británico de Netflix, basado en la historia real de Michal Podchlebnik y Solomon Weiner, dos de los cuatro únicos supervivientes del campo de exterminio citado, que narra el arriesgado escape y la valentía que mostraron al testificar sobre los horrores nazis.
Solomon Weiner fue el primero en prender la chispa de la rebelión silenciosa y convenció a sus compañeros de que contar lo que allí ocurría era resistir y propiciar un puente entre quienes vivieron el horror y quienes hoy deben mantener viva la memoria de las víctimas, hombres, mujeres y niños.
El horror de Chelmno no solo radicó en las cifras, con más de 150,000 personas asfixiadas o muertas a tiros o acuchilladas sin compasión, sino también en su naturaleza, pues se convirtió en un “laboratorio” de la muerte.
Utilizaban camiones de gas, en los que decían que la gente debía entrar a bañarse para seguir el camino hacia un centro de trabajo (que nunca existió). Y una vez en la furgoneta, las exterminaban con gas y luego repartían los cuerpos en fosas comunes por todo el campo, donde quedaban sepultados.
La referida no es sólo una película sobre el pasado, sino, además, un espejo que refleja los riesgos del presente, cuyo impacto obliga a que se hagan preguntas sobre qué están haciendo la sociedad y los individuos, en particular, para evitar que el odio vuelva a encontrar terreno fértil en el mundo.
El Holocausto hace recordar que la propaganda y la desinformación fueron armas tan letales como los químicos o las balas para el exterminio y evoca la necesidad de proteger y reclamar el respeto al derecho ajeno y del saber que cuando se rescata la memoria, la sociedad queda inmunizada contra la manipulación, el olvido y otros males.
