El libro y la lectura

El libro

Ante los retos que imponen las nuevas tecnologías de la comunicación, la polarización, las fake news, la cultura de la cancelación y otros tantos fenómenos actuales, como sociedad, debemos abrazar la causa del libro y la lectura.

Leer es un acto de libertad. Cuando abrimos un libro, escapamos de los límites de nuestra propia experiencia y habitamos otras vidas, otros siglos, otras geografías. Ninguna tecnología ha igualado, todavía, esa capacidad del texto escrito para transportar al lector sin que se mueva de su asiento. Por tanto, impulsar el amor por la lectura es una tarea de emancipación y de renovación humana.

Propósitos a través del libro
Uno de nuestros más diáfanos objetivos es el de conectar a las nuevas generaciones con los libros y la lectura.

La lectura desarrolla una facultad escasa en el mundo contemporáneo: la empatía. Cuando leemos una novela, por ejemplo, nos adentramos en la conciencia de otro ser humano, sentimos sus miedos, comprendemos sus razones, incluso cuando son razones que jamás compartiríamos.

Estudios de neurociencia cognitiva han demostrado que los lectores habituales presentan mayor capacidad para reconocer emociones ajenas, colocándose en el lugar del otro. Esto permite bosquejar una personalidad más sensible y compasiva.

El libro y la lectura
Roberto Ángel Salcedo

Para el célebre Jorge Luis Borges, de los diversos instrumentos creados por el hombre, el más asombroso, ha sido el libro. Y aunque fue perdiendo paulatinamente sus facultades visuales, nunca limitó su imaginación. Una vez escribió que fantaseaba el paraíso bajo la forma de una biblioteca. Esa compenetración entre la biblioteca y el libro que la habita, representa la acumulación de todo lo que la humanidad ha pensado, soñado y sufrido.

En República Dominicana, como en el resto de Latinoamérica, donde las desigualdades históricas han afectado el desarrollo cultural privilegiando a unos pocos, promover la lectura tiene una dimensión de trascendencia social.

Garantizar que un niño de una comunidad remota, de alguna apartada zona rural o de un populoso barrio donde la marginalidad ha sido la norma, tenga el mismo acceso a los libros que un niño nacido en privilegiadas condiciones económicas, es un acto de justicia. Las bibliotecas públicas, los festivales culturales y programas de lectura en escuelas no son gastos prescindibles: son inversiones en la dignidad, alma y conciencia de los pueblos.

¿Qué buscamos con una feria regional?
Desde el Ministerio de Cultura, y en estrecha colaboración con la Vicepresidencia de la República, nos abocamos a la realización de la primera Feria Regional del Libro y la Cultura Cibao 2026. Un espacio de promoción de valores literarios y culturales de impacto en las 14 provincias de la región Norte de República Dominicana, teniendo como epicentro a Santiago de los Caballeros.

La descentralización cultural es una política de Estado muy vinculante. Permitir que las acciones se distribuyan con mayor rigor democrático, contribuye a que más dominicanos puedan enlazarse a un circuito literario, artístico y cultural de amplio espectro. El Cibao, como región productiva y prolífica, nos presenta una oferta marcada por la diversidad de los espacios, materiales didácticos y de explotación de conocimientos.

Durante siete días, la agenda cultural, comprendida en más de 150 actividades, dedicará cada jornada provincias y áreas de impacto, iniciando el lunes 20 con Dajabón y Montecristi; martes 21, La Vega y Monseñor Nouel; miércoles 22, Valverde y Santiago Rodríguez; jueves 23 —Día Internacional del Libro y Derecho de Autor—, Hermanas Mirabal y Espaillat; viernes 24, Sánchez Ramírez y Duarte; sábado 25, Samaná y María Trinidad Sánchez, y domingo 26, Santiago y Puerto Plata.

Presente y futuro del libro
Hay quienes argumentan que, en la era de la digitalización de procesos, los libros han perdido relevancia. Me parece a todas luces un error de diagnóstico. Lo que ha cambiado es el soporte, la vía, más no la necesidad y el alcance. La lectura profunda —esa que exige concentración, que nos obliga a detenernos, que nos vuelve reflexivos y más analíticos— es hoy más indispensable que nunca, pues, precisamente, en la actualidad vivimos expuestos constantemente a una cultura que estimula la dispersión y la inmediatez.

Aprender a leer un libro hasta el final es también aprender a resistir la fragmentación del pensamiento.
Un valor de fundamento para la sostenibilidad del libro y la lectura como formatos de difusión de conocimientos en las presentes y futuras generaciones, es la integración y vinculación de los padres junto a sus pequeños, para hacer de este esfuerzo un propósito común. Los padres que leen junto a sus hijos en voz alta no están haciendo un ejercicio pedagógico: están creando un vínculo afectivo con el conocimiento que durará toda la vida.

La lectura en familia convierte al libro en una fuente de calidez y cercanía, en una experiencia compartida y no en una obligación escolar. Las investigaciones sobre hábitos de lectores confirman que el principal predictor del amor por los libros en la adultez es haber sido leído en voz alta durante la infancia.

Otros factores determinantes para la preservación de estos instrumentos formativos incluye la reconfiguración de su lugar en la vida cotidiana, sin traicionar su esencia. Los clubes de lectura presenciales y virtuales, los audiolibros, las plataformas de lectura social y los booktoks han demostrado que los nativos digitales sí leen, aunque bajo otros formatos y rituales.

El reto no es defender el libro frente a la pantalla, sino integrarlo en el ecosistema digital con inteligencia, llevando la experiencia lectora a los espacios donde la gente hace vida: las redes, los pódcasts, las comunidades en línea, etc.

Más allá de la tecnología, la vigencia del libro depende de políticas públicas que democraticen el acceso: por eso asumimos con determinación la puesta en valor de ferias del libro accesibles y regionales, con precios justos y con editoriales que apuesten por voces diversas. Además, dotamos de mayores espacios para que las bibliotecas móviles tengan mejor despliegue y, donde la distribución e intercambio de material enriquezca la oferta literaria.

Leer no es sólo un placer individual, es un ejercicio de ciudadanía, de pensamiento crítico, de memoria colectiva. Una sociedad que lee con profundidad asumirá con mayor conciencia su compromiso histórico y, consecuentemente, mostrará sobradas capacidades para soñar y construir su futuro.

Promover el libro y la lectura, en medio de un contexto geopolítico adverso y de situaciones económicas particulares, no es una causa de cultural menor: es una apuesta por el desarrollo humano.