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El lado triste de la modernización

Hace unas semanas colgué en mis redes sociales una foto del tanque de agua con la cual los usuarios del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva están supuestos a lavarse las manos cuando usan los baños. Es un agua turbia, tan densamente turbia que la vista alcanza sólo unos centímetros de su profundidad. Nadie en su sano juicio la usa para el fin propuesto, pero ella seguía ahí, impasible ante la necesidad de las personas.

Algo parecido pasa con el sistema de justicia en nuestro país. Impulsado por una buena fe innegable, el Poder Judicial se ha embarcado en un proceso de modernización. Eso incluye manejo digital de expedientes y audiencias virtuales. Todo difundido en vistosas campañas de publicidad. Sin embargo, y como he dicho antes, esos avances pierden su lustre si son sólo una capa fina que cubre deficiencias no resueltas.

Es una verdad mil veces comprobada que no hay estructura que resista su propio peso si no tiene un fundamento sólido. Y es esto lo que se está descuidando todavía. Las condiciones de trabajo de los jueces dominicanos y sus asistentes son generalmente precarias.

Y no solamente por el estado de la planta física, que ya es bastante grave, sino porque no cuentan con las herramientas adecuadas y suficientes para realizar su labor. Es muy frecuente encontrar tribunales errantes o que, para celebrar las audiencias de casos que les han sido asignados, deben pedir prestado un salón de audiencia a otros jueces.

Me ha ocurrido que, por una mala comunicación entre secretarías, dos tribunales convocan audiencia para el mismo día y hora en el mismo salón y uno de ellos -lamentablemente el mío- hubo de celebrar su “audiencia” en el pasillo con el único propósito de poder convocar a una nueva fecha.

No me canso de señalar que los jueces, fiscales y su personal de apoyo de todo tipo deben tener mejores salarios y condiciones de trabajo. Es mucho el peso que descansa sobre sus hombros, es mucho lo que les exigimos, es mucho lo que les debemos.

No me opongo a los esfuerzos de modernización, y estoy seguro de que la falta de recursos es la principal causa de estos males. Pero tampoco podemos tapar el sol con un dedo ni descuidar lo más importante: los servidores públicos del Poder Judicial.

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