El intelectual de hoy

José Mármol
José Mármol

Veamos lo que pasa cuando en el estadio histórico de la sociedad contemporánea nos hacemos la pregunta acerca de si el intelectual sigue siendo conciencia crítica de su cultura y su tiempo.

¿Es el intelectual de hoy un pensador crítico? Con respecto al papel de los intelectuales en el siglo XXI, el filósofo Xabier Insausti describe y analiza un panorama muy distinto al del papel crítico desempeñado en la segunda mitad del siglo XX por la Escuela de Frankfurt.

Cuestiona el rol y el discurso adaptativos de los intelectuales a la realidad imperante, tomando como base el concepto de “intelectual normalizado” puesto a circular por Axel Honneth.

El intelectual de hoy se ha acomodado a la “opinión pública”, debido a que responde a la demanda de los medios de comunicación y a los intereses de partidos demagógicos o falsamente democráticos.

En oposición a este, el pensador crítico, igualmente llamado crítico social, se rebela contra esa postura acomodaticia.

Su tarea es la de construir, desde el pensamiento mismo, el punto adecuado desde el que se puedan cuestionar las sociedades liberales y democráticas.

En este tenor, destaca la obra crítica del pensador francés Alain Badiou como ejemplo característico del crítico social o pensador crítico; sobre todo, a partir de sus obras “Manifiesto por la filosofía” (1989) y “Segundo manifiesto por la filosofía” (2009).

Hay en Badiou una aproximación a la práctica filosófico-crítica de Adorno, partiendo de Sartre, Lacan y Althusser.

Establece cuatro ámbitos fundamentales en torno a los que la filosofía tiene razón de ser: la ciencia, la política, el arte y el amor.

La filosofía ha de tener por misión reivindicar aquello que todavía no hay, aquello que está por construir. El capitalismo, dice, es el mayor obstáculo para hacer posible esa empresa de pensamiento.

El comunismo es, pues, aquello que le antagoniza, pero, que aún no ha llegado, que está “por construir”. Comunismo, en su caso, parece un equivalente a utopía.

El que conocimos, creo, ha fracasado estrepitosamente. El llamado socialismo del siglo XXI no es más que una farsa antidemocrática y misóloga, en manos de delirantes, demagogos y déspotas.

En el primer “Manifiesto afirma” Badiou que la filosofía francesa distaba del momento filosófico, de la “gran época” representada por Sartre, Althusser, Deleuze, Derrida, Lyotard, Foucault y Lacan y se había convertido en espacio para algunas “vedettes mediáticas” y de “unos charlatanes entonados de la Sorbona”, negadores de aquel gran momento filosófico de la posguerra.

La misión de ese texto era, a pesar de la gravedad de las circunstancias culturales y sociopolíticas de Francia y Europa en los años 80 y 90, mantener el optimismo y luchar por los derechos universales.

Lo que da lugar al segundo “Manifiesto”, sustenta el filósofo francés, es el deterioro del Estado en manos de Zarkozy, y desaciertos como el militarismo planetario norteamericano, los sofisticados controles sobre los individuos, las leyes criminales, los muros y alambrados oprobiosos, la desigualdad social, la confrontación entre los que exageran el exterminio judío y los que tildan de bárbaros a los musulmanes, y el cientificismo, entre otros males del presente, que podrían hacernos creer que “pensar es inútil y hasta perjudicial”.

Por ello, Badiou nos invita a ver la filosofía como algo diferente a lo que nos han dicho y dicen que la filosofía es. Nos invita a intentar ver lo que no se ve. Y si, la filosofía puede ser lo que el individuo “desea que sea”, entonces, debemos intentar ver “realmente” lo que vemos.

Es decir, criticar, sin miedo, lo criticable. El intelecto y la crítica son indisociables.